lunes 23.09.2019
Campo

Un ejército de rapaces contra la plaga de topillos

La negativa de la Junta a la quema de cunetas y a la utilización de venenos ha convertido el empleo de aves, especialmente  cernícalos y las lechuzas, en una opción factible para el control biológico del roedor.2.500 cajas nido de lechuza y cernícalo, repartidas por toda la Comunidad, ejercen presión y control biológico sobre el roedor al mismo tiempo que se inserta fauna en el medio rural

Un topillo campesino en Villanueva del Campo (Zamora). MARIAM A. MONTESINOS
Un topillo campesino en Villanueva del Campo (Zamora). MARIAM A. MONTESINOS

Sí, el topillo campa a sus anchas por diversas zonas de León y la Comunidad, y no, este roedor no fue liberado desde el aire por la Junta u otras administraciones. Mitos y leyendas que hace años que se llevan desmintiendo por parte de asociaciones ecologistas como el Grupo de Rehabilitación de la Fauna Autóctona y su Hábitat (GREFA). Mientras tanto, estos colectivos tratan de concienciar a la población de una lucha efectiva a partir de buenas prácticas y la incorporación de la avifauna a un bando conjunto en contra del topillo campesino.

Tras la negativa del Gobierno regional a la quema de cunetas y a la utilización de venenos, el empleo de aves se ha convertido en una opción factible para el control biológico del roedor. En particular, los cernícalos y las lechuzas son los elegidos para ejercer presión en los campos de la comunidad, dado que ambos cazan, durante los tres meses de la época de cría, en torno a 700 y 900 topillos para cebar a sus pollos. De esta manera, GREFA ha puesto en marcha diversos proyectos de colocación de cajas para este tipo de aves con un total de 2.500 nidos en la región, dado que el reparto se realiza a partir de una media de 100 cajas por cada 1.000 hectáreas.

En particular, en Valladolid y en la zona de Tierra de Campos, desde el Grupo de Rehabilitación han instalado un total de 120 cajas en el municipio de Villalar de los Comuneros, mientras que, en la localidad de Rueda, se han colocado otras 30 cajas sobre postes, donde las lechuzas (10), los cernícalos (10) y los mochuelos (10) realizan una función depredadora entre los viñedos de Beronia Rueda, del Grupo González Byass. Una instalación “para el control biológico del topillo, ya sea en campos agrícolas como en viñedos, ya que hacen la misma función de presión y estrés hacia los roedores”, afirma en declaraciones a Ical el secretario general de GREFA, Fernando Garcés.

Rubén Cacho / ICAL Caja nido para diferentes tipos de aves insectívoras

Caja nido para diferentes tipos de aves insectívoras. RUBÉN CACHO

La relación del predador depende de la cantidad de presa existente, dado que “la lechuza y los cernícalos se reproducen si hay alimento”. De hecho, las cajas de Tierra de Campos tuvieron el año pasado “poca ocupación porque no hubo apenas topillos, mientras que este año, la ocupación ronda el 100 por ciento”, destaca. Además, estos animales sirven de prevención contra la sobrepoblación del roedor porque “se desplazan a una zona donde habrá plaga con dos o tres meses de antelación, incluso cuando nadie lo percibe”, subraya, por lo que se convierten en “uno de los mejores indicadores para detectar el problema”. Aun así, Garcés asegura que “están estudiando el comportamiento para que esta población de aves no afecte a otras especies como la perdiz, la codorniz o pequeños pájaros”.

Desde la asociación medioambiental han construido un muro tipo bancal para dar refugio a reptiles como culebras, lagartos o lagartijas y también a pequeños mamíferos como la comadreja. Con una pequeña caja integrada en la construcción, se busca que si hay alguna por la zona se localice en el muro, dado que “es un excepcional animal para el control de roedores y de topillos”, indica. En esta linea, en otro lugares se ha asociado la acción de este mamífero con el rastreo aéreo, a partir de la cría de comadrejas para su liberación en zonas afectadas por la plaga, ya que ambos actúan como grandes predadores.

Proyecto educativo

Por otro lado, el Grupo de Rehabilitación de la Fauna Autóctona y su Hábitat tiene en marcha un proyecto educativo a partir de dos salas, una senda y una casa del pastor sobre la historia y etnografía. De esta manera, a partir del mes de septiembre, “se quiere traer a la comunidad educativa de la provincia de Valladolid a conocer la historia y poner en valor el paisaje cerealista”, sin olvidar “el control biológico y la importancia de la diversidad y la fauna en el mundo rural”, asegura Fernando Garcés.

"Se estudia la genética de los topillos para averiguar las diferentes familias", afriman desde el Centro de Interpretación en Villalar

En el Centro de Interpretación ubicado en el municipio de Villalar de los Comuneros se acaba con las leyendas del origen de estos invasores, dado que Garcés reconoce que “la gran pelea para acabar con los mitos del reparto desde helicópteros”, además de proponer alternativas al veneno, porque aquello fue “una barbaridad”.

En dichas salas se explica el origen de este roedor y cómo ha llegado a los niveles actuales, ya que inicialmente se localizaba en los sistemas montañosos, cuyo hábitat natural se concentraban en los prados y la media montaña. A partir de los años 70 del siglo pasado se empezó a implantar el regadío con remolacha y alfalfa, momento en el que comenzó una colonización del topillo década tras década hasta llegar a 2005, año en el que “prácticamente toda Castilla y León estaba ocupada a partir de diferentes corrientes”, afirma el secretario general de GREFA.

Esta es la razón por la que “se estudia la genética de los topillos para averiguar las diferentes familias procedentes de diversas vías”. Una problemática acrecentada por el cambio agrícola donde cada vez se aran menos parcelas y no se remueve la tierra, por lo que no se destruyen las madrigueras. En este sentido, Fernando Garcés relaciona la siembra directa con la propagación, aunque deja claro que no está en contra de la práctica, dado que resulta beneficiosa “al evitar la erosión del suelo, pero no levanta las uras del animal”.

Rubén Cacho / ICAL Cuatro crías de cernícalo en una de las cajas nido instaladas en los campos de cereal de Villalar de los Comuneros (Valladolid), para favorecer la biodiversidad y el establecimiento de varios tipos de aves rapaces para el control de topillos

Cuatro crías de cernícalo en una de las cajas nido instaladas. RUBÉN CACHO

Palencia, la plaga permanente

De esta forma, Palencia se convierte en la provincia donde “la plaga está permanente, ya que en otras zonas de la comunidad, los picos de densidad son más espaciados en el tiempo. Hay que recordar que cada dos años en Palencia hay una explosión demográfica, porque en 2013 y 2016 también las hubo”, destaca. Por ello, esta zona es una donde la instalación de cajas nidos de aves para el control biológico está siendo fundamental en la lucha contra la plaga del roedor.

Tal es así que, los postes con los posaderos estaban colocados “desde el año 2013 con la finalidad de que las aves rapaces pudieran utilizarlos para cazar desde ellas”, aunque, durante los meses de enero y febrero “se han colocado 50 cajas nidos en Autillo de Campos para que puedan anidar y asentarse en la zona”, explica a la Agencia Ical Miriam Báscones, responsable en Palencia del Grupo de Rehabilitación de Fauna Autóctona, en colaboración con la Junta y el Instituto Tecnológico Agrario de Castilla y León (Itacyl) en el control biológico del topillo.

De esta manera, “los 25 cernícalos y las 25 lechuzas cazan en torno a su caja y realizan un control más drástico sobre el roedor”, señala. Además de las 50 cajas localizadas en Autillo de Campos se suman otras más el municipio de Frechilla, de un total de 500 repartidas por toda la provincia.

Control de insectos

Entre todas las iniciativas destaca la creación de una charca de unos 40 metros cuadrados en los viñedos de las bodegas Beronia (González Byass) para atraer fauna a la zona y albergar una comunidad de anfibios, además de las asistencia de otros animales al punto de agua, para así formar una cuenca naturalizada aportando biodiversidad a la zona. Animales como los sapos “tienen una aportación importante ya que contribuyen a tener los viñedos libres de determinados insectos e invertebrados que les afectan”, señala el responsable de Grefa, quien añade la colocación en unas manchas de pinar de pino piñonero de la finca “de otras 20 cajas de murciélagos, aves insectívoras y rapaces forestales, como el cárabo y el autillo, para así controlar a ciertos insectos que perjudican a los viñedos”.

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Fernando Garcés, secretario general de GREFA, inspecciona una caja nido instalada en un campo de cereal. RUBÉN CACHO

Estas actuaciones se enmarcan en proyectos de fomento de la biodiversidad por toda Castilla y León “con la idea de que se pueda repetir y se contagie como una enfermedad”, destaca entre risas. Una manera de mostrar que estas acciones “son compatibles con la producción de uva” para desterrar el “miedo entre la biodiversidad y la producción”, dado que hay que “conseguir una agricultura más sostenible”, apostilla Garcés.

Por otro lado, entre los proyectos de integración de especies, destaca el programa de liberación de buitres negros en la Sierra de la Demanda, localizada entre las provincias de Burgos y La Rioja. Tras la dispersión a larga distancia de algunos de los animales liberados, hoy en día se encuentran fijados al territorio 20 buitres negros, de los cuales ocho pertenecen a los liberados en el año 2017 y otros 12 a los del grupo de 2018. Unos trabajos que se pueden observar el 31 de agosto, coincidiendo con el Día Internacional de los Buitres.

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