lunes 26.08.2019

Noche en blanco

Torcían el morro a un lado con ese gesto inequívoco que significa «nanainas». Que no. Dos paisanos en el teleclub de Caleruega, patria burgalesa de algunos Guzmanes, no se creían nipadiós que en aquella madrugada de 1969 los americanos hubieran llevado tres hombres a la Luna. Y se reían de todos los parroquianos, de la crédula humanidad y de la tele, que entonces solo era una mentira en blanco y negro, así que les cabía el chiste: ¿Qué está más lejos, la Luna o Cuenca?... ¡pues Cuenca, sobobo!... la Luna la ves, ¿y acaso ves Cuenca?... Mucho después vino la conspiranoia demostrando que todo había sido un montaje en los estudios de Stanley Kubrick; y aún hoy algunos quieren creérselo (la realidad nunca venció a lo fantástico; y hoy, menos que nunca).

Qué noche la de aquel julio.

Era tantísima la expectación, que el prior toleró romper el sacrosanto dormir en el conventazo que hay en esa localidad donde una treintena de novicios rematábamos un curso que me resultó teatral, entrañable y descansado. El acontecimiento exigía estar en pie, qué menos; y por todo exceso hubo café y se nubló la sala de la vieja tele (nublada de señal ya de por sí) con el humo de más pitillos de los que se toleraban (un día es un día; y una noche, su cátedra). Así que recuerdo haber disfrutado más del quebrantamiento que del descubrimiento, que tenía también su chasco al ver de protagonista a un americano y no a uno de El Ferrol, que es lo que merecía España y el gallego Franco, que entonces aún era la hostia, encargándose su régimen de repartirlas a espuertas cada día en las ya broncas huelgas de obreros o estudiantes (nota lunar: en los interrogatorios de Billy el Niño los detenidos veían también la Luna mucho antes que en Houston o «saltaban» directamente a por ella desde una ventana alta de la comisaría... ¡cuánta poesía policial!).

Resumido, dijo el místico: El hombre violó la virginidad de la Luna... y la pobre se preñó de delirios de conquista y secretos planes militares.

Noche en blanco
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