miércoles 01.04.2020

El creador de Astérix que se creía Obélix

Albert Uderzo, inventor junto a René Goscinny del célebre cómic, murió ayer a los 92 años en su casa en Neuilly (París)
Albert Uderzo junto a Obélix y Astérix, los dos personajes que le hicieron una leyenda en el mundo del cómic.
Albert Uderzo junto a Obélix y Astérix, los dos personajes que le hicieron una leyenda en el mundo del cómic.

Durante mucho tiempo, Albert Uderzo, fallecido ayer a los 92 años, luchó para no quedar ensombrecido por la figura de René Goscinny, el hombre junto al que a finales de los 50 creó a Astérix, uno de los personajes más legendarios del cómic mundial.

Considerado por muchos simplemente como el brazo ejecutor de la saga -nacida, decían, de la imaginación del guionista-, Uderzo demostró su capacidad para darle vida propia cuando en 1977 la muerte se llevó a su «hermano» y le privó de admirar la gloria que alcanzaba su personaje. «¿Tengo que morirme para que hablen bien de mi?», se preguntaba incluso en 2017, tras superar una operación.

Uderzo, hijo de un carpintero italiano instalado en el este de Francia, nunca rechazó su proximidad con Obélix, el segundón de la saga, personaje que creó en solitario y de quien reivindicaba su afinidad.

Con él compartía modales rudos, populares, el gusto por la buena mesa y una cierta mirada inocente de la vida, que no le impidió disfrutarla desde lo alto del éxito que obtuvo su obra, 380 millones de álbumes vendidos en el mundo de su personaje más popular.

Un récord para un cómic del viejo continente que le colocó al frente de un imperio, con películas, todo tipo de productos derivados y un parque de atracciones dedicado al menudo antihéroe galo.

Un éxito que le permitió darse sus lujos desmesurados, su colección de ferraris o su avión caza de guerra, y que, según decía él, le valió también la animadversión de sus pares, demasiado esnobs para aceptar que éxito pudiera rimar con calidad.

El Festival de Angulema, sanctasanctórum del cómic en Europa, nunca premió su talento y muchos dibujantes atribuían a Uderzo solo un rol secundario en la creación de Astérix.

Él contaba que lo creó junto a Goscinny en el apartamento de protección oficial que ocupaba en Bobigny -periferia de París- en 1959, una década que había nacido con el encuentro entre ambos en Bruselas. Con el encargo de crear un personaje basado en los ancestros galos de Francia para una revista juvenil, Uderzo dibujó una figura hercúlea, capaz de combatir el poderío de Roma.

Pero Goscinny, de familia judía originaria del este de Europa, imaginó situar a su protagonista en las antípodas de los héroes que triunfaban en la época, a menudo llegados de Estados Unidos.

Infatigable lector de Disney, para cuyos estudios siempre soñó trabajar, Uderzo acabó por aceptar que Astérix fuera un contrapunto de todos ellos, el listillo capaz de anteponer la maña a la fuerza, que obtenía de una poción mágica, un relato que permitió a los autores hacer una caricatura de la Francia contemporánea.

Uderzo, que había pasado en Bretaña la Segunda Guerra Mundial, situó en aquella tierra, la antigua Armórica, la aldea donde comenzaron a florecer los personajes. Fue esa quizá la receta de su éxito, que no llegó de forma instantánea, sino paulatina. A cada número, las ventas iban creciendo, hasta que el irreductible galo dio el salto internacional y se consagró, alcanzando cada rincón del planeta, traducido a 111 lenguas. Muchos pensaron que Astérix moriría con Goscinny en 1977, sin contar con la irreductible voluntad del dibujante, que superó el golpe y, tras poner dos años más tarde viñetas al guión póstumo escrito por su colega Astérix y los belgas, prosiguió en solitario ocho historietas más.

El héroe, que había deambulado por media Francia, por Hispania, que había combatido hasta en la propia Roma a Julio César y viajado hasta el Egipto de Cleopatra, siguió destilando aventuras, siempre con un ojo en la tradición gala y otro en el presente.

El creador de Astérix que se creía Obélix