miércoles 27/10/21

Los ‘Green man’ de la Catedral encierran secretos de alquimia

Hay 86 ‘hombres verdes’. La Catedral de León supera en dieciséis ‘Green man’ a la de Chartres. Se trata de una cabeza humana rodeada de follaje, un símbolo repetido en incontables monumentos de la Edad Media. La singularidad de León es que, según el investigador David Gustavo López, aquí estos personajes tienen un significado alquímico.
El hombre verde que hay en la portada de San Juan de la Catedral. DAVID GUSTAVO LÓPEZ

Es uno de los personajes más misteriosos del arte medieval. El Green Man, como lo bautizó en 1939 en una publicación la folclorista inglesa lady Raglan —cuya traducción es ‘hombre verde’—, se coló en infinidad de templos románicos y góticos, como San Isidoro o la Catedral de León, así como en numerosas iglesias de Inglaterra, Francia y Alemania, en las catedrales de Santiago de Compostela, Oviedo, Burgos o Toledo. Aunque algunos investigadores remontan su origen a las culturas celtas y precristianas europeas, también se han encontrado Green Men en lejanos países de Oriente.

Los hombres verdes son cabezas foliadas cuyo significado aún no ha sido desentrañado. En la Catedral de León lo primero que sorprende es su número: hay 86. Y se encuentran en el pórtico, en el claustro, en enjutas y en algunas capillas como la de la Virgen Blanca, pero, sobre todo, en las vidrieras. En 64 de ellas —las más antiguas (del siglo XIII)— hay hombres verdes.

El investigador leonés David Gustavo López acaba de publicar en el último número de la revista de la Sociedad Española de Antropología una tesis muy arriesgada sobre estos personajes y la ‘misión’ que cumplen en la Pulchra. En su opinión, los hombres verdes forman parte del gran ‘tratado de alquimia’ que es, en conjunto, la catedral leonesa.

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Los cuatro ‘Green Man’ que hay en la Puerta de San Juan en la fachada de la Catedral; derecha, los cuatro que hay en la Puerta de San Francisco. DAVID GUSTAVO LÓPEZ

Los maestros constructores colocaron Green Men en la mismísima fachada principal. Nada menos que ocho, divididos en dos grupos. En la portada de San Francisco, en un zócalo cuya ejecución pudiera deberse a un escultor francés que trabajó con el maestro Enrique en el siglo XIII, hay cuatro extrañas cabezas, «cuya interpretación pudiera proporcionar la síntesis del gran secreto alquímico que la catedral guarda en su interior, siendo posible que nos hallemos ante los símbolos de las cuatro fases de la Gran Obra (nigredo, albedo, citrinitas y rubedo). La última es la cabeza de un león alado (unión de león y águila, símbolo del cuarto estado alquímico), explica Gustavo López en su artículo.

En el pórtico de San Juan, sobre las cuatro primeras enjutas, están representadas cuatro fases de una metamorfosis de vegetal a rostro de apariencia humana totalmente cubierto por follaje. Una transmutación similar al proceso alquímico para la conversión del plomo en oro.

Entre los 120 relieves del siglo XIII esculpidos en cada una de las enjutas existentes en la cabecera de la catedral, «uno de los puntos clave de la cábala catedralicia, los dragones Azufre y Mercurio se fusionan en uno solo», cuenta el investigador.

Y es que el célebre alquimista Nicolás Flamel (1330-1418), de viaje a Santiago, conoce en León al doctor Canches, un judío converso que le da las claves para transcribir un extraño libro que transporta el francés y no había podido transcribir. Era un tratado cabalístico titulado Fuego purificador (Aesch Mezareph). Canches, que curó al enfermo Flamel, le desveló también el proceso para transmutar el plomo. Flamel, a su regreso a París, anunció que había descubierto la piedra filosofal y la inmortalidad —falleció en 1418, pero en una exhumación, su tumba se halló vacía, lo que alimentó la leyenda—.

Lo realmente sorprendente es que hay abundante iconografía en la Catedral sobre los misterios que Canches le desveló a Flamel; y los Green Men habría que interpretarlos como parte de esa cultura alquímica.

En su investigación, Gustavo López destaca que los hombres verdes no solo se colaron en la iconografía de los monumentos, sino que hay algunas tradiciones populares, como los mayos (especialmente los de Villafranca del Bierzo), así como los marzos, el ramo leonés o los pendones floridos, enraizados de forma aún más directa a estos espíritus vegetales, símbolos de la vida y del resucitar de la naturaleza, que es otra de las interpretaciones de estos hombres verdes, vinculados a la primavera y al ciclo reproductivo.

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