miércoles 8/12/21
Mural de la iglesia del Mercado, pinturas de Peñalba de Santiago, frescos góticos de Cebrones del Río y pinturas de Chana de Somoza.

Han permanecido ocultos bajo una ‘piel’ de cal o tras un retablo. Murales que en un momento de la historia fueron ‘repudiados’ y permanecieron escondidos durante siglos. La casualidad y las restauraciones han permitido descubrir en los últimos años más de una decena de frescos en iglesias de León.

Hace sólo unos días surgía bajo un desconchón un demonio rojo y la palabra ‘Hermógenes’ en la iglesia de Chana de Somoza. Es la última aparición. Tras el retablo de esta iglesia del ‘románico maragato’ se atisban más pinturas.

También la basílica de San Isidoro encubría, bajo una capa de mugre, vestigios de pinturas que fueron rescatadas durante los trabajos de limpieza de muros y paramentos. En estas obras, en el verano del 2008, afloraron numerosas inscripciones y pinturas murales inéditas. Ese mismo año en Pandorado afloraron unos frescos del siglo XVII, que habían permanecido camuflados tras el gran retablo barroco que ocupa la cabecera de la iglesia y que había sido desmontado para su rehabilitación. Las pinturas estaban relativamente bien conservadas en algunas zonas, donde se aprecia a la Virgen, San José y el niño Jesús y la adoración de los pastores.

El cura y ‘los rojos’

El 2008 resultó un año mágico, pues también en esa fecha las pinturas barrocas de la iglesia de Nuestra Señora del Mercado, situada en la plaza del Grano, salían de las tinieblas. A lo largo de los años habían sufrido retoques, repintes y el inexorable desgaste del paso del tiempo. Los murales, que se encontraban en algunas zonas muy estropeados, decoran con gran riqueza de colorido el camarín, lugar que se construyó, tras la demolición de un antiguo ábside, para que los fieles accediesen al templo. El gobierno destinó a la recuperación de estas excepcionales pinturas 83.000 euros. «Parece mentira que seamos los rojos los que tengamos que arreglar cosas de la iglesia», le dijo el entonces alcalde, Francisco Fernández, al párroco, quien replicó: «Los rojos no, los alcaldes...».

La joya mozárabe de Santiago de Peñalba guardaba bajo siete capas de cal una alhaja: las pinturas murales de época califal (siglo X). La mezquita de Córdoba, templo islámico, y los restos de la ciudad palaciega de Medina Azahara son sus únicos referentes, con la salvedad de que en ambos edificios el estilo arquitectónico es netamente musulmán. Estas excepcionales pinturas, rescatadas en el 2002 y que ocupan 441 metros cuadrados, se hicieron una vez concluida la construcción de la iglesia, entre los años 936 y 940.

Un tesoro tras el retablo

En la cabecera de la vieja iglesia de San Esteban, en Cebrones del Río, se localizaron unos excepcionales frescos góticos en el año 1995. Las pinturas, que se encontraron al retirar el retablo para demoler la vieja iglesia y construir una nueva, representan la pasión de Cristo, si bien el tema central es un pantocrátor, flanqueado por San Esteban y San Lorenzo. En el 2006 aparecían en esta iglesia más pinturas.

La humilde iglesia de San Salvador, en Velilla de los Oteros, escondía tras el coro restos de pinturas murales que se cree cubren todas las paredes, así como una inscripción en la que se lee: «Este lugar sagrado es la casa de Dios y la entrada del cielo».

En el 2005 la Junta destinaba 62.000 euros para recuperar los murales descubiertos en la iglesia de Villanueva de Valdueza (Ponferrada), ocultas bajo varias capas de enlucidos y encalados.

La restauración llevada a cabo en la capilla del Santo Cristo, anexa a la iglesia de San Martín -en pleno Barrio Húmedo- y propiedad de la Cofradía de las Ánimas, sacó a la luz un tesoro. Fue al desmontar el retablo barroco para su restauración cuando tuvo lugar el descubrimiento. Aparecieron cuatro tablas bajo las pinturas en lienzo que, con semejantes dimensiones y temas, debieron preceder a éstas y fueron sustituidas a causa de su deterioro, permaneciendo, sin embargo, en el armazón físico del conjunto.

La restauración de la iglesia de Villacintor en 1995 permitió localizar unas pinturas del año 1556, obra del artista Francisco Fernández.

La restauración en 1992 del retablo de San Martín, templo venerado por los vecinos de Salas y Lombillo, sacó a la luz un mural del siglo XIII y unas tablas de estilo hispano-flamenco del XV, tapadas por el retablo. También un retablo escondía unos frescos del siglo XIV y reminiscencias bizantinas en la iglesia de Gordaliza el Pino. El santuario de la Virgen de la Manzaneda, próximo a Manzaneda de Torío, preservaba un secreto hasta 1973, cuando bajo el encalado aparecían unos murales del XVIII, que representan una bacanal diabólica.

Las pinturas ocultas de León
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