jueves 26/5/22
                      Una fábrica de cargadores para coches eléctricos. QUIQUE GARCÍA
Una fábrica de cargadores para coches eléctricos. QUIQUE GARCÍA

El impacto de la guerra en Ucrania sobre la inflación y los costes energéticos no está, ni mucho menos, superado. Tras un primer trimestre en el que prácticamente todas las economías de la zona euro han experimentado un notable frenazo en el proceso de recuperación, algunos de los indicadores macroeconómicos clave siguen mostrando serias debilidades, anticipando que aún queda un largo camino para la salida de la actual crisis.

Es el caso del índice de gestores de compra (PMI) que mide la actividad manufacturera en España. Es decir, el comportamiento de las fábricas nacionales. El indicador es uno de los más seguidos por los inversores a la hora de evaluar la situación económica de un país. Y en abril retrocedió de forma notable hasta los 53,3 puntos.

Es cierto que siempre que el dato se sitúa por encima de 50 indica expansión. Es decir, la actividad ha crecido. Pero a un ritmo prácticamente nulo y muy por debajo del 54,2 registrado en marzo, que ya había caído desde el 56,9 de febrero. Además, la de abril es la peor lectura del dato de los últimos 14 meses y, lo que es peor, se ha situado por debajo de la referencia de 54 que esperaba el consenso del mercado. Así que queda claro que la actividad de la industria en España pierde impulso por momentos.

«Los recientes confinamientos en China, en un intento de las autoridades por combatir la nueva ola de la pandemia aplicando su estrategia de ‘covid-cero’, han vuelto a tensar las cadenas de suministro de muchos productos, lo que tiene importantes connotaciones inflacionistas», explica Juan José Fernández-Figares, analista de Link Securities.

Pero hay más factores que han contribuido a una merma del indicador que mensualmente elabora S&P Global. «Los fabricantes españoles se enfrentaron a una combinación de problemas como los de la cadena de suministro, la rápida inflación y las incertidumbres relacionadas con la guerra en Ucrania», insiste Paul Smith, economista de la firma, en el informe que acompaña a la publicación del dato.

Según el análisis, estos factores frenaron posteriormente la producción y afectaron a las carteras de pedidos, que cayeron por segundo mes consecutivo.

Este dato que evidencia la pérdida de competitividad de la economía española frente a la zona euro, pues con una inflación superior (del 8,4% en abril según el dato adelantado del INE, frente al 7,5% de la región), nuestros productos son ahora menos competitivos vía precio.

Pese a que España presenta un notable parón en la actividad manufacturera, la situación es similar en toda la zona euro, donde la elevada incertidumbre ante el desenlace de la guerra sigue frenando la demanda interna y las empresas tienen cada vez más dificultades para asumir los costes energéticos. «Dos de las principales economías, la italiana y la francesa, no crecieron el primer trimestre, con la primera de ellas incluso experimentando una ligera contracción en términos intertrimestrales (-0,16%)», recuerdan los expertos. Y para el conjunto de la región, el crecimiento en el periodo también fue prácticamente inexistente, de apenas el 0,2% en términos intertrimestrales.

En este escenario, el índice PMI manufacturero también cayó en la zona euro, desde 56,5 puntos en marzo a 55,5 en abril. Son mínimos de 15 meses y el tercero consecutivo de descensos.

Preocupa, sobre todo, Alemania, donde los nuevos pedidos y la producción entraron en territorio de contracción por primera vez desde junio de 2020. «Las empresas no solo informaron de que los problemas con la escasez de componentes se agravaron por la guerra en Ucrania y los nuevos confinamientos en China, sino que también comentaron que el aumento de los precios y la creciente incertidumbre sobre las perspectivas económicas están afectando a la demanda», advierte S&P Global.

La guerra y la inflación bloquean la actividad en las fábricas españolas
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