jueves 19/5/22

Qué va a hacer Elon Musk con Twitter

El empresario norteamericano planea grandes cambios para garantizar la libertad de expresión en la red social, que prescindirá de la publicidad y obligará a indentificarse a sus usuarios
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El empresario estadounidense Elon Musk. ALEXANDER BECHER

Tras días de negociación y rumores, el consejo de administración de Twitter decidió vender la compañía a Elon Musk, el empresario multimillonario dueño también de Tesla y SpaceX. La cantidad acordada para la venta finalmente fueron 43.394 millones de dólares (unos 40.500 millones de euros), y el hombre más rico del mundo ha prometido "abrir el algoritmo y combatir los bots".

Twitter tiene diez veces menos usuarios que otras plataformas como Facebook, Youtube o Instagram, pero su poder de influencia sigue siendo notable. En su primer tuit una vez que se hizo pública la compra, Musk publicó -en un mensaje acompañado de emojis de corazones y cohetes- que la libertad de expresión es "el cimiento de una democracia funcional y Twitter es la plaza digital del pueblo donde se debaten los asuntos vitales para el futuro de la humanidad". Y aunque parece que la libertad de expresión será un elemento clave para la nueva dirección de la empresa, aún no se han concretado los datos sobre su funcionamiento. Tanto es así que el actual consejero delegado de la red social, Parag Agrawal, reconoció en una ronda de preguntas de los empleados que existe "gran incertidumbre" acerca de lo que ocurrirá una vez finalice la operación.

 La libertad de expresión es "el cimiento de una democracia funcional y Twitter es la plaza digital del pueblo"

Lo que sí se ha deslizado ya son los cambios que pretende hace el empresario estadounidense en la red social, que permitirá, por primera vez, editar tweets, algo que reclaman los usuarios. Además no habrá publicidad para los que pafuen y todos los usuarios, si prosperan los planes de Elon Musk, deberán identificarse de manera fidedigna. Uno de los objetivos es acabar con los bots. 

Precisó que "en estos momentos" no se prevén despidos en la compañía, pero evitó comprometerse de cara al futuro y no aclaró si será él quien siga al frente de la empresa o se nombrará un nuevo CEO. "Cuando se cierre el trato no sabemos en qué dirección irá la plataforma", señaló Agrawal en una videollamada con los trabajadores tras darse a conocer el acuerdo.

"Cuando se cierre el trato no sabemos en qué dirección irá la plataforma"

Lo que sí se sabe es la indemnización que cobrará Agrawal si es despedido en los 12 meses posteriores al acuerdo: 42 millones de dólares (unos 39 millones de euros), según los cálculos de la consultora Equilar, que ha tenido en cuenta el salario anual del CEO (30,4 millones de dólares en 2021) más la adjudicación de las acciones según el precio de oferta de Musk de 54,20 dólares por título.

La venta de la plataforma al hombre más rico del mundo inquieta a varias organizaciones de derechos humanos. Es el caso de Amnistía Internacional y la Unión Americana por las Libertades Civiles, que en un comunicado mostraron su preocupación y afirmaron que, independientemente de quién tenga la propiedad de la plataforma, Twitter tiene que proteger los derechos humanos, incluido el derecho a vivir libre de discriminación y violencia.

En su opinión, la plataforma "ya falla con demasiada frecuencia" sobre esto -en referencia a los mensajes de odio que se acumulan en la red social-, por lo que les preocupan las medidas que Twitter pueda tomar para cambiar los mecanismos diseñados para proteger a los usuarios. "Lo último que se necesita ahora es que Twitter haga deliberadamente la vista gorda ante los discursos de odio", señalaron las organizaciones.

Mientras, la Comisión Europea ha recordado al magnate Elon Musk, propietario de Tesla y de SpaceX, y a quien Twitter acaba de aceptar una oferta para comprar la compañía, que cualquier empresa debe respetar las normas existentes en la Unión Europea (UE), en medio del debate sobre la libertad de expresión en la red social. "Ya se trate de coches o de redes sociales, cualquier compañía que opera en Europa necesita cumplir con nuestras reglas, independientemente de su accionariado. El señor Musk lo sabe bien", escribió en su perfil oficial en Twitter el comisario europeo de Mercado Interior, Thierry Breton. La junta directiva de la plataforma aceptó por unanimidad el lunes la oferta de Musk -el hombre más rico del mundo- para la compra de la red social Twitter por 44.000 millones de dólares, por lo que el empresario pasará de tener el 9 % de la compañía al 100 %, lo que supondrá, además, la salida de la bolsa de Wall Street. 

Musk ha asegurado que su motivación para adquirir la red social no es tanto el beneficio económico que le puede generar sino su defensa de la libertad de expresión. "La libertad de expresión es el cimiento de una democracia funcional y Twitter es la plaza digital del pueblo donde se debaten los asuntos vitales para el futuro de la humanidad", dijo el empresario sudafricano en su primer mensaje tras darse a conocer el acuerdo. Ello ha abierto el debate del control que los gigantes de internet ejercen sobre el contenido que publican sus usuarios y si Musk permitirá la vuelta a Twitter de personajes públicos como el expresidente estadounidense Donald Trump, a quien la empresa vetó tras el asalto al Capitolio el 6 de enero de 2021.

Musk "está familiarizado con las reglas europeas de la automoción y se adaptará rápido a la ley de servicios digitales", afirmó Breton. Esta ley, sobre la que las instituciones europeas alcanzaron la semana pasada un acuerdo político, regulará precisamente el contenido que se publica en internet y obligará a las grandes plataformas como Twitter, Google, Apple o Amazon a eliminar con rapidez la información ilegal, una vez tengan conocimiento de ella. También impondrá a estas empresas el ser más transparentes en el funcionamiento de los algoritmos que determinan lo que cada usuario ve en la red, en función de su perfil.

Tendrán que hacer informes anuales para determinar si los algoritmos promueven contenido ilegal o que ponga en riesgo derechos fundamentales y además, las autoridades públicas e investigadores independientes deberán tener acceso a esos algoritmos.

 

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