jueves. 09.02.2023

Podemos aprovecha las polémicas de Montero para lanzarla a la ‘carrera de presidenciable’

Las tensiones con Yolanda Díaz en el partido morado preocupan a Sánchez, que teme que se divida el voto de izquierdas
                      La ministra Irene Montero durante un debate en el pleno del Congreso. KIKO HUESCA
La ministra Irene Montero durante un debate en el pleno del Congreso. KIKO HUESCA

La posibilidad de que Podemos esté preparando la alfombra roja para que Irene Montero sea la candidata de los morados a las elecciones generales de 2023 si es que falla el plan A de sumar con Yolanda Díaz cobra fuerza tras el protagonismo de la ministra de Igualdad las últimas semanas.

Envuelta en las recientes polémicas, Montero ha acaparado todos los focos por sus choques con Vox y con el PP a cuenta de la entrada en vigor de la ley del sí es sí y los efectos no deseados que está teniendo en algunos casos con la rebaja de penas a agresores sexuales.

La situación colocó a la ministra en la diana de los insultos de Vox —una diputada le dijo desde la tribuna que su único mérito era haber estudiado en profundidad a Pablo Iglesias—, pero después, ella misma subía el nivel de sus ataques al PP acusando a los populares de promover la «cultura de la violación» en los carteles de algunos ayuntamientos con motivo del 25N que ponían en las mujeres la responsabilidad de no ser agredidas.

En medio de esa gran polvareda, la ‘número 2’ de Podemos ha ido afianzando su papel como candidatable, aunque ya en la Universidad de Otoño, uno de los principales foros ideológicos de la formación que se celebró en septiembre, se introdujo su perfil más electoralista, aprovechando el hueco que deja la ausencia de la secretaria general de la formación, Ione Belarra, de baja por maternidad. De hecho, ha habido algunas agrupaciones territoriales que han llegado a referirse a Irene Montero como ‘presidenta’ en las redes sociales.

Sea premeditado o no, Irene Montero va ganando relevancia dentro de los morados casi en la misma proporción en la que Belarra va perdiendo foco de cara a una eventual candidatura electoral, algo que se hizo patente durante el acto feminista que montó su partido para cerrar filas en torno a la ministra de Igualdad tras el choque con Vox.

Y todo esto sucede en un momento de alta tensión entre Podemos y Yolanda Díaz, porque si bien los morados insisten en que el objetivo es llegar a un acuerdo con la vicepresidenta segunda, la distancia es palmaria.

Díaz continúa a su ritmo, con su proceso de escuchar a la sociedad civil —sigue con su gira con Sumar y ayer recaló en La Coruña— pero sin aclarar todavía si dará el paso definitivo, lo que inquieta mucho a los de Podemos, que se ven ya inmersos en el nuevo ciclo electoral sin tener certidumbres.

Ha sido el exlíder de Podemos Pablo Iglesias, quien ha marcado la estrategia de los morados al no morderse la lengua, el que ha vuelto a dar un golpe en la mesa exigiendo a Díaz dos cosas: que despeje ya la incógnita sobre sus planes electorales y respeto para los morados.

Si evidente es ahora el distanciamiento entre las dos partes, qué pasará cuando llegue el momento de elaborar las listas, teniendo en cuenta que en la propuesta de Díaz no está ni mucho menos hacer una suma de siglas.

Las tensiones dentro del espacio de confluencia de Unidas Podemos no solo preocupan a las formaciones que lo integran por la división del voto que esto provocaría, también podría hacer un roto a las aspiraciones del PSOE, ya que debilitaría la opción de poder mantener un Gobierno progresista en la Moncloa.

Para la parte socialista del Ejecutivo, Montero puede estar intentando ahora cobrar más protagonismo y de ahí sus recientes intervenciones, para «hacerse más fuerte» de cara a las negociaciones que deberán tener más adelante Podemos y Yolanda Díaz sobre una eventual coalición.

Pero, de momento, los socialistas siguen viendo improbable que la titular de Igualdad acabe siendo cabeza de lista. Si eso sucediera, insisten, la llamada izquierda alternativa al PSOE lo pagaría en las urnas. En todo caso, si en algo tiene experiencia la izquierda es en dividirse.

De hecho, el Gobierno dio ayer marcha atrás y sostuvo que se ha malinterpretado a la ministra de Igualdad. Se encargó de ello la titular de Hacienda y Función Pública y vicesecretaria general del PSOE, María Jesús Montero, que afirmó que las declaraciones de Irene Montero en las que acusaba al PP de fomentar la cultura de la violación se pudieron malinterpretar. Además respaldó a la ministra en su crítica a las campañas sobre agresiones a las mujeres realizadas por comunidades gobernadas por el PP y defendió que se revisen.

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