sábado 5/12/20

El PP intenta aislar sus pactos con Vox del choque de Casado y Abascal

El partido ultra va a abrir «un periodo de reflexión» para ejercer la oposición en solitario
El presidente del Parlamento catalán. Roger Torrent. ANDREU DALMAU
El presidente del Parlamento catalán. Roger Torrent. ANDREU DALMAU

El PP quiere preservar sus acerdos autonómicos y municipales con Vox del enfrentamiento que mantuvieron Pablo Casado y Santiago Abascal porque una ruptura permitiría gobernar al PSOE con diferentes alianzas en decenas de administraciones. El tercer aliado, Ciudadanos, también instó a sus socios a no dejarse arrastrar por los sentimientos hostiles generados por el choque de sus líderes.

Mientras el partido ultraderechista aún se lame las heridas del varapalo recibido por su jefe de filas en la moción de censura, los populares siguen en la nube de satisfacción en la que se instalaron tras el contundente discurso de ruptura de su líder. Los puentes entre ambas organizaciones acusaron el impacto pero siguen en pie y soportan los acuerdos en Andalucía, Madrid y Murcia, y decenas de ciudades, como la capital española y Zaragoza. Pero su futuro es un albur a pesar de las palabras tranquilizadoras.

Una ruptura de los pactos territoriales sería una ruina política tanto para el PP como para Ciudadanos porque abrirían la puerta a mociones de censura en esas tres comunidades, y de prosperar dejarían reducida la presencia institucional de los populares a Galicia, donde gobiernan con mayoría absoluta, y Castilla y León, donde tienen una alianza con los liberales.

El portavoz nacional del PP y alcalde madrileño, José Luis Martínez Almeida, confió en que Vox haga un «ejercicio de madurez y responsabilidad» después de la moción de censura. No hay razones, agregó, para que los acuerdos se vean arrastrados por la ruptura entre Casado y Abascal. La formación de extrema derecha, subrayó Almeida, no tiene «ninguna excusa, más allá de la decepción por su estrategia fallida», para romper los pactos con el PP.

En Ciudadanos tampoco las tienen todas consigo y temen que Vox, cuando pasen las horas, tenga una respuesta más visceral al constatar en frío que la moción de censura se convirtió en derrota sin paliativos. La líder del partido naranja, que siempre ha tratado de poner distancia y aparentar que no tenía nada que ver con Vox, también trató de conjurar el peligro de ruptura porque liquidaría su presencia territorial. Inés Arrimadas pidió a sus dos socios que aparten sus «luchas» estratégicas de partido de los acuerdos autonómicos. Más prosaica la vicealcaldesa de Madrid, Begoña Villacís, reclamó a Abascal y los dirigentes ultraderechistas que no se dejen llevar por «la testosterona».

Los temores del PP y Ciudadanos no son gratuitos porque Abascal anunció ayer que Vox va a abrir «un periodo de reflexión» sobre los pasos que debe dar su partido una vez que se ha quedado «solo» en la oposición al Gobierno de Pedro Sánchez y tiene que acoger a «los millones» de votantes que han sido «expulsados» del PP por el giro de Casado y se sienten «huérfanos».

Insistió el líder de la extrema derecha en que Vox será «responsable» y no va a responder en las comunidades y en los ayuntamientos a «la agresión» del líder de los populares. El portavoz de la dirección del partido, Jorge Buxadé, también instó a los suyos a templar los ánimos y superar el episodio porque «la moción de censura ya pasó».

Pero el hecho indiscutible es que en Andalucía ha suspendido la negociación de los Presupuestos y en Murcia ha anunciado una enmienda a la totalidad a las cuentas municipales. La herida en la filas de la extrema derecha es profunda y la secretaria general de Vox en el Congreso, Macarena Olona, no lo ocultó. El PP, dijo, no solo es «la derechita cobarde», también es «la derechita traidora».

Abascal, entretanto, siguió acusando el golpe y se reafirmó ayer en una entrevista en EsRadio en que se sentía «traicionado» por Casado «en lo político y en lo personal».

El PP intenta aislar sus pactos con Vox del choque de Casado y Abascal