lunes. 28.11.2022
LA VOZ DEL PARO

La temporalidad, el villano del mundo laboral en León

«Hay que luchar y seguir peleando; he tenido muchos trabajos eventuales muy mal pagados», afirma una exempleada de la Administración
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Ana María volvía al Sepe tras un contrato temporal. JESÚS F. SALVADORES

«En Asturias es lo que se mueve, sobre todo en verano». Cigarrillo en mano, Arianna Rodríguez narra su último contrato en un restaurante de Gijón. Tiene poco tiempo porque en tres minutos ha de subir a la 2ª planta del Ecyl a sellar el paro. 

Fue autónoma durante años y esa experiencia le lleva a creer que la gente se emplea eventualmente para ganar dinero rápido.

«Otros trabajan unos meses para volver a coger las ayudas», explica. Ana María López, de 48 años, también sufre las consecuencias de la temporalidad. Ha estado ocupada tres meses en el sector educación, desde abril hasta junio, y, anteriormente, otros tres meses en un hospital. Ahora no tiene derecho a paro. «Me ha costado mucho esfuerzo, años estudiando y moviéndome para conseguir trabajos que, aunque sean temporales, son para la Administración y no están mal. He tenido muchos empleos eventuales muy mal pagados», confiesa. El consejo que da esta vasca que lleva 20 años en León es «luchar y seguir peleando». 

Javier Morán luce el rostro de un minero de los de antes. Dejó su puesto en un restaurante de Boñar hace 12 días, habiendo comenzado en junio. «Ahora tengo la ayuda para mayores de 52 años, de 430 euros, y lo que toca es buscar trabajo de nuevo. En hostelería siempre hay algo», dice con esperanza. A sus 54 años, Javier se considera un afortunado por este último oficio, cuyas condiciones «eran de las mejores» que él haya visto. «Lo normal es que no te paguen el convenio de hostelería de 1.300 euros; y luego no respetan ni los horarios laborales ni los descansos», reivindica. Y es que él vuelve a León por culpa del «desastre total que implica la temporalidad». «A mí me va a tocar compartir piso en una habitación, lo que a mi edad no hace ninguna gracia», revela.

Ruth, quien no quiso incluir su apellido para este reportaje, acaba de terminar su contrato de un mes para el Corte Inglés. «Me queda otro mes de paro y luego a apañármelas. No quiero vivir del cuento sino trabajar, pero es complicado sin ayudas que te cubran algún gasto mientras encuentras un nuevo empleo», lamenta con el hastío de quien con 38 años, estudios y formación, aún no encuentra un puesto digno. Para ella el trabajo provisional es «lamentable», porque genera «mucha incertidumbre e inseguridad». «Si quieres hacer planes de vida, tener una familia, o viajar, no puedes. Me frustra mucho porque no me sale trabajo y el que sale es precario», denuncia.

ALTERNATIVA PARA LOS JÓVENES

Héctor Miguélez, de 23 años, se fue a Conil de la Frontera a un hotel. Allí trabajaba 16 horas al día por 1.300 euros y sin alta en la Seguridad Social; aunque con alojamiento y comidas en el pack. Su juventud y fortaleza le permiten comerse el mundo por los pies sin tener miedo a nada, ni tan si quiera al paso del tiempo. «Si mejoraran las condiciones, no es nada malo. Encontrar un puesto para toda la vida está obsoleto. Con la temporalidad los empresarios pueden crear más puestos, y además tiene algo muy positivo, que en cuanto dejas un trabajo encuentras otro», defiende. Guillermo Sánchez apenas trabajó un mes en una entidad bancaria y en estos momentos está acabando su carrera. Con su cuarto de siglo de edad, asegura no haber sufrido el paro por carecer de «cargas familiares». «He trabajado por voluntad propia, por ganar experiencia y sacar unos ahorros», comenta. «El trabajo temporal me parece muy bueno para la gente que está entrando a su primer empleo, o que está en epocas en las que no tiene nada que hacer. Es mucho mejor que estar en casa, siempre que te respeten el contrato, en sueldos y horarios, y que no te exploten ni te traten mal», aconseja. 

Educadoras, camareros, banqueros, vendedoras... Da igual la profesión para hablar del villano del trabajo temporal. La única diferencia es que quien aún es joven puede soportar mejor las duras cargas de trabajo que, normalmente, exigen estos puestos.
 

La temporalidad, el villano del mundo laboral en León
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