miércoles. 07.12.2022

Durante la segunda mitad de los años 70, ambos prototipos se contaban entre los coches más rápidos —y exóticos— de los circuitos checoslovacos: 180 CV y sólo 4 minutos —el Spider II— para coronar la cima de la famosa montaña ‘Ecce Homo’, en la localidad de Sternberk.

Aquel B5 «Skokan» —‘saltarín’—, se ganaría a pulso su apodo… por sus reacciones ‘algo’ imprevisibles.

Habitualmente conducido por Václav Bobek, integrante de una famosa dinastía del automovilismo checo: su hermano mayor, Václav, había competido con éxito a bordo de Skoda desde finales de los años 40, y su hijo, Václav Bobek Jr., también competiría asiduamente en carreras checoslovacas de montaña en 1975 y 76 al volante del Spider B5, que finalmente pasaría al museo de la marca; Jaroslav Bobek lo cambiaría por el más moderno Spider II Tipo 733, con motor de 2.0 litros, ganador en diversos circuitos y carreras de montaña, también de un par de campeonatos en 1972 y 1974.

La carrocería del Spider II, sería aerodinámicamente modificada por el fabricante de aviones ‘Aero’; a diferencia de su predecesor ‘B5’, con plataforma convencional, el ‘II’ montaba un chasis autoportante delantero, soldado por puntos a partir de una fina chapa de acero; el entramado resultante… soportaba perfectamente el potente motor, tipo 720 de aluminio firmado por Skoda, que podía llegar a 180 CV; mientras se importaron la transmisión FT200, los frenos Girling y los amortiguadores Koni. El equipo rodaje llevaba llantas de 13 pulgadas y neumáticos Goodyear, además de suspensión de dobles trapecios en el tren delantero y multibrazo en el trasero, soluciones habituales en los coches de carreras europeos de la época. Pesaba 585 kilos; ‘sprintaba’ de cero a cien en 4 segundos y alcanzaba puntas de 200 o 240 por hora, dependiendo de las relaciones de transmisión en cada circuito.

La trayectoria deportiva del Spider II, el Skoda más rápido de todos los tiempos, finalizaría, en la subida a la colina Hlásná Trebáñ, con un extraño accidente: el victorioso Jaroslav Bobek colisionaba, al cruzar la línea de meta, con otro coche que estaba dando marcha atrás; los pilotos saldrían ilesos, pero el chasis autoportante quedaría tan dañado… que el coche quedaría inservible.

Hoy, el Spider B5 se cuenta entre las piezas más valiosas del Museo de Skoda, mientras el Spider II se encuentra en proceso de restauración.

Spider B5 (1972) y Spider II (1975)
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