jueves 21.11.2019

30.000 testigos para creer en los milagros

Una marea de pendones y devotos acompañaron a la Virgen del Castro en el regreso hasta su santuario.
30.000 testigos para creer en los milagros

Con los primeros rayos del día, la Virgen del Castro abandonó la Catedral de Astorga para emprender el camino de vuelta a casa. Diecinueve kilómetros de fervor cultural y religioso que volvieron a convertirse en un camino de alegría y tradición compartido por 30.000 personas que no quisieron perderse el encuentro. Desde Astorga hasta el santuario fueron otros tantos los que se unieron por el camino, aunque en Castrotierra, los curiosos también aguardaban la llegada de la patrona, que apareció escoltada por ochenta pendones.

Los primeros paños se dejaron entrever por los montes a las 12.30 horas y como manda la tradición Santa Marina del Rey fue el primero en pisar el suelo que rodea el templo. Con una hora y media de diferencia llegó el pendón de la Virgen, cerrando la comitiva, que traía consigo a las cruces parroquiales de algunos de pueblos participantes y a una multitud que peregrinaba con la talla.

La Virgen del Rosario, portada por las mujeres, desafió la marea humana que subía hacía el santuario para esperar la llegada de la patrona y juntas emprender el último tramo de la romería, una cuesta que sabe a poco después de los diecinueve kilómetros anteriores.

Y aunque la Virgen milagrosa trae la lluvia al campo, en esta ocasión perdonó a los romeros que no padecieron las inclemencias del tiempo.

Los trajes y los tacones propios del domingo se quedaron en el armario y los chándales y las zapatillas salieron a relucir para hacer más cómoda la marcha. Además, muchas fueron las hazañas de los pendoneros para lucir su paño delante de la Virgen, subirlo con la barbilla, escalarlo o portarlo a pulso con un sólo brazo son algunos de los ejemplos que arrancaron el aplauso del público, la banda sonora del regreso junto al intenso repicar de las campanas.

30.000 testigos para creer en los milagros