lunes 25.05.2020
MEMORIA HISTÓRICA

Los fusilados de Valderas vuelven a casa

Emotivo homenaje a todos los represaliados de la villa en el panteón memorial cedido a perpetuidad por el Ayuntamiento.
Los fusilados de Valderas vuelven a casa

Con aplausos y flores con la bandera tricolor fueron recibidos ayer en el Ayuntamiento de Valderas los restos exhumados en el monte de Estebánez de la Calzada, término municipal de San Justo de la Vega, en julio de 2012, de nueve personas de la villa paseadas en 1936. ¡Viva la República!, vitoreó una voz desde el público tras escuchar las palabras del nieto de uno de los fusilados.

Son los primeros que vuelven a casa de una larga lista. Sin nombres, con una litografía de Castelao y una fecha: 24 de julio 1936. El día en que 200 personas fueron detenidas en Valderas. La mitad no regresaron. Se ha recuperado los nombres de 77. Sus cadáveres andan desperdigados en diferentes fosas de la provincia. La emoción embargaba a las familias, llegadas a la villa del Cea desde Irún, Valladolid y Barcelona, a la inauguración del panteón en memoria de los republicanos represaliados de Valderas.

«Cuando he cogido esta caja las palabras se han convertido en sentimientos», dijo Celestino Fonseca, nieto de Tomás Fonseca Lago, a quien pueden pertenecer alguno de los restos. No se sabrá con certeza hasta que se hagan los análisis de ADN. Llevará tiempo porque «son muchas las personas desaparecidas en Valderas y pocos los restos que tenemos», apunta René Pacheco, arqueólogo de la ARMH (Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica) que hace siete años empezó a tirar del hilo de la represión en Valderas con el impulso de la escritora Sol Gómez Arteaga, nieta y biznieta de represaliadso. Y con la memoria de dos personas, su padre Antidio Gómez y Teófilo Álvarez. El hijo del curandero de San Justo puso otra pieza en el puzle al señalar el lugar de la fosa con los fusilados de Valderas.

La excavación descubrió los restos íntegros de ocho personas: un varón de 15 a 19 años, dos varones mayore de 18 años, un varón de 38 a 50 años, un varón mayor de 40 años, un varón de 40 a 60 años, otro de 18 a 28 años y un octavo de 25 a 50 años. La novena caja está compuesta de restos removidos y mezclados posiblemente por la exhumación antigua. «Sería de gran utilidad dar con la persona o familiares que llevaron aquellos restos para identificar la saca», comenta Pacheco. El cuerpo del más joven puede ser otro dato relevante para dilucidar la saca ya que entre los 77 fusilados identificados sólo hay cuatro menores de 18 años: Manuel Cambero Rodríguez, Ángel Castaño Vega, Honorato Fernández García y Ciriaco Pastrana Guzmán.

«Sólo el olvido es muerte y su último deseo fue que se les recordara», reza la lápida del panteón homenaje. Los fusilados de Valderas tuvieron ayer su despedida sentida con versos y música. La alcaldesa, Silvia Blanco, recordó que las familias han tenido que esperar casi 80 años y apeló a la implicación de las instituciones para cerrar con los versos de Buero Vallejo a Lorca: «Bajo la tierra húmeda de un calvero...»

«Pensaban que iban a borrar sus rastros para que nadie más se acordara de ellos, pero la propia sangre no se olvida», señaló el vicepresidente de la Fundación Fermín Carnero, Maximino Barthe, una de las entidades que junto a la ARMH, el Ateneo de Astorga, el Ayuntamiento de Valderas y las familias arroparon la jornada de homenaje.

Por la mañana, el historiador Miguel Bañales reconstruyó el episodio de la represión en Valderas, que calificó como «una grande y libre masacre» y René Pacheco explicó el proceso de la excavación. «Me siento reconfortada porque siempre le oí a mi madre leer las cartas de su hermano, Pacífico Villar, en las que decía que había que luchar para que no se olvidara y repitiera», dijo Pilar Gómez. Victoriana Rodríguez, a sus 90 años y en silla de ruedas, no quiso perderse el homenaje recordando al tío de su marido, Teodoro Toral. Susanna Toral y Paca Fernández intentan reconstruir los últimos días de Tomás Toral, el maestro fusilado de Villaornate. Francisca Fonseca venía por su abuelo paterno, Tomás Fonseca, y descubrió a su tío Ciriaco Pastrana y sus hijos Ciriaco y Ángel: «Ha sido brutal, estoy temblando. Tengo ganas de llorar», lamentaba.

La ARMH lamentó que su labor «llega tarde» y reclamó que el Estado asuma, como manda la ley de memoria, la defensa de los derechos humanos de las 114.300 personas enterradas en las cunetas.

Como apuntó el poeta Abel Aparicio, recordando los versos de Teodoro López Marcos a su padre Bernardino López, fusilado en 1936: «Somos la memoria que tenemos y la responsabilidad que asumimos. Sin memoria no exitimos, sin responsabilidad, no merecemos existir».

Los fusilados de Valderas vuelven a casa