lunes. 04.07.2022
Óbito

Adiós a la infanta más cercana

Doña Pilar de Borbón falleció ayer a los 83 años a causa de un cáncer de colon
Los reyes de España llegan a la capilla ardiente. FERNANDO ALVARADO

Pilar de Borbón, infanta de España y hermana mayor del Rey Juan Carlos, murió ayer en la Clínica Ruber Internacional de Madrid a los 83 años de edad a causa de un cáncer de colon. A raíz de la enfermedad, la tía de Felipe VI tuvo que ser intervenida quirúrgicamente en febrero y someterse a un tratamiento a de quimioterapia. La duquesa de Badajoz estuvo acompañada en todo momento por sus cinco hijos. Antes de la defunción, doña Pilar había recibido la visita de los reyes don Juan Carlos y doña Sofía y de su hermana, la infanta Margarita.

Pilar de Borbón hablaba inglés, francés, portugués e italiano. Había estudiado Enfermería y era una apasionada de la música y la hípica. Mujer locuaz y cercana, la infanta representó a la monarquía en diversas ceremonias en el extranjero y dedicó gran parte de su tiempo al Rastrillo, el mercadillo solidario con el que se allegaban fondos para la ONG Nuevo Futuro, que ampara a niños sin hogar. Los reyes Felipe y Letizia acudieron ayer por la tarde a la capilla ardiente de la duquesa de Badajoz, instalada en su domicilio, situado en una urbanización de Puerta de Hierro, en Madrid.

De temperamento espontáneo, Pilar de Borbón nació en Cannes el 30 de julio de 1936 y se crió en el exilio de Estoril (Portugal), donde se afincó su padre, don Juan de Borbón. Pudo conocer España a los 21 años, cuando hizo un breve viaje a Sevilla para asistir al entierro de su abuela materna, Doña Luisa de Orleans.

Portugal era su segunda patria. Allí tuvo que desplegar sus destrezas de enfermera de manera improvisada cuando se desplomó una marquesina en la estación de Cais do Sodré (Lisboa), un accidente que causó 50 muertos y numerosos heridos. De no haber existido la preferencia del varón sobre la mujer en el acceso a la Corona, la infanta Pilar habría heredado el trono. Sostener el cetro no encajaba sin embargo en sus aspiraciones. «Pobre España, ¡de buena se ha «librado»!», decía con ironía.

Orgullosa del mandato de su hermano y de su sobrino, no se mordía la lengua. Fue una de las pocas personas del entorno de la monarquía que se pronunció sobre los avatares de Iñaki Urdangararin, condenado por el ‘caso Nóos’. Antes de que se conociera la sentencia, abogó por la presunción de inocencia de su sobrino político. «Nadie es culpable hasta que lo digan los jueces, con lo cual... ¡a callar!».

No cuajó el intento de su padre de enamorarla del rey Balduino de Bélgica. Se casó con Luis Gómez-Acebo —quien falleció en 1991, con 56 años, a causa de una leucemia— y tuvo que renunciar a sus derechos sucesorios por tratarse de un matrimonio morganático: el novio no pertenecía a una familia real. Su enlace, celebrado en el Monasterio de los Jerónimos de Belem, acabó convirtiéndose en una fiesta monárquica a la que acudieron unos cuatro mil españoles. Con motivo de la boda, Don Juan le otorgó el título de Duquesa de Badajoz. La pareja tuvo cinco hijos: Simoneta (1968), Juan, (1969), Bruno (1971), Beltrán (1973) y Fernando (1974).

La pareja fijó su residencia en Madrid y a partir de entonces la infanta se dedicó a tiempo completo a actividades solidarias y galas benéficas. Procuraba no leer los cotilleos que la prensa del corazón publicaba sobre los Borbones. En un ejercicio de franqueza, aseguró que las revistas del papel couché se dedicaban más a propalar «chorradas» que a informar. Por añadidura, conocer las comidillas sobre su familia le parecía algo «pornográfico», dado que se «desnuda a la gente en público hablando de cosas que no conoce nadie». «Me pregunten lo que me pregunten, contesto lo que me da la gana. Ahora, con 83 años, no me corto un pelo», aseguraba la duquesa de Badajoz. Cuando se estrenó la serie de televisión que recreaba la vida de don Felipe y doña Letizia en 2010, no ocultó su disgusto. A su entender los personajes se parecían a los entonces príncipes «como un huevo a una castaña».

Amante de los caballos, fue presidenta de la Federación Ecuestre Internacional entre 1994 y 2005. Doña Pi, como la llamaban su allegados, confirmó el compromiso de Felipe de Borbón con Letizia Ortiz. Y es que pese a sus recelos hacia la prensa, estaba acostumbrada a lidiar con ella. Antes de que los comunicados oficiales de La Zarzuela llegaran a las redacciones, ella ya había esclarecido el asunto de que se tratase a los periodistas.

La duquesa de Badajoz, que compartía con su hermano Juan Carlos su campechanía y una cadera maltrecha, sufrió su particular ‘annus horribilis’ en 2016, cuando se publicó que mantuvo una sociedad opaca en el paraíso fiscal de Panamá durante 40 años. Tanto su casa de Madrid como la de Mallorca fueron puntos de encuentro donde se reunía toda la familia. Nunca faltaba a la comida de Navidad en el Palacio de la Zarzuela con los otros Borbones, después de asistir a misa. Desde que murió en el año 2000 su madre, María de las Mercedes, doña Pilar se convirtió en el alma y puntal afectivo de la familia. Nunca quiso publicar sus memorias.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, transmitió su pesar al Rey Felipe VI. También el líder del PP, Pablo Casado, expresó sus condolencias a la Casa Real en nombre del Partido Popular, al igual que la portavoz de Ciudadanos, Inés Arrimadas. La infanta doña Pilar será incinerada en la más estricta intimidad, según reveló ayer a la revista Vanity fair Mayte Spínola, una de sus amigas más íntimas. La urna con las cenizas (algo excepcional en la historia de la monarquía española reciente) será depositada en el panteón de los Gómez-Acebo en San Isidro.

Adiós a la infanta más cercana
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