sábado 5/12/20
Desconcierto y desánimo en León

Otros 14 días de encierro y... ¿en Navidad qué va a pasar?

La prórroga del confinamiento perimetral y las restricciones de aforo y horarios en hostelería, cultos, academias, velatorios y entierros hasta el 3 de noviembre se recibió con desconcierto y desánimo por la falta de eficacia de las medidas.
José, gasolinero en San Francisco. RAMIRO
José, gasolinero en San Francisco. RAMIRO

León y San Andrés, con una tasa de incidencia acumulada en los últimos catorce días de 706 y 774,4 casos de covid-19 por 100.000 habitantes, mantendrán el confinamiento perimetral y las medidas restrictivas de la vida social hasta el 3 de noviembre incluido. Hasta después del puente de Todos los Santos. Así lo establece la orden de la Consejería de Sanidad publicada ayer en el Bocyl.

Con una tendencia ascendente del virus y un índice de reproducción del virus de 1,15 casos por cada persona infectada, la consejera de Sanidad, Verónica Casado, pidió ayer «mantener las burbujas domésticas y no exceder las burbujas sociales» para frenar la pandemia que está en alza en toda la Comunidad.

Los datos no mejoran, empeoran, como el tiempo, y el ánimo está por los suelos. La prórroga de las restricciones llegó en mal día. Un día típico de otoño, lluvioso y nublado con solo las terrazas a cubierto como vía de escape para la restricción de aforo en los bares. «Otros catorce días por delante y dependemos del tiempo. No hay barra y con el 50% de aforo cada vez se va perdiendo más el ánimo, ya estamos entrando en depresión», apunta Tomás Castro, hostelero que desde hace 33 años levanta la trapa de León Antiguo frente al jardín del Cid. «La gente cumple, pero está decepcionada. No saben dirigirnos», asegura.

Lorena sirve un café en León Antiguo, uno de los negocios veteranos del Barrio Romántico. RAMIRO

Barrunta un «invierno duro» porque no cree que la situación mejore en Navidad y casi ya no cuenta con la Semana Santa. «¿Quién aguanta siete meses por delante?», se pregunta. Cañón cree que «la noche tal y como la conocíamos ya no volverá». Eso sí, «está creciendo la tarde, el café torero, pero esto no es Alicante».

Defenderse del virus y del tiempo en León se presenta harto difícil. «Se irá acabando la tapa y los locales que pagan 3.000 euros de renta acabarán por cerrar porque los impuestos siguen corriendo. Esos no bajan», apostilla. Una de las camareras pregunta si habrá que pedir cita para ir al cementerio y ya empieza a hacerse a la idea de que a lo mejor no es tan importante ir este año el día crítico a llevar las flores a sus muertos.

Juan García, propietario de Lesmes. RAMIRO

En la calle La Rúa circula la gente con paraguas, sin peregrinos. El Camino de Santiago, a su paso por León y San Andrés, está vetado al paso de los últimos peregrinos del año. «Si no nos confinan para Navidad... ¿En Navidad qué va a pasar, con la hostelería que vive de las cenas y el comercio de los regalos? ¿Y si nos quitan las reuniones?», comenta José. Es conserje de profesión y opina que «la falta de ver muertes en los jóvenes les ha hecho sentirse seguros. Los lunes, martes y miércoles es cuando llaman las madres para decir que tienen síntomas. El jueves no llaman. Eso quiere decir que se contagian el fin de semana», apostilla. «Yo no me quejo porque mi trabajo no se ha parado y ella tiene una pensión», apostilla. «Si no me la rebajan me doy por contenta», añade Antonia Gallego. La gente está saturada de ‘virus’.

«Esto no tiene arreglo. Es más político que otra cosa. Yo trabajo con gente mayor de la provincia y en cuanto oyen algo se quedan en casina», comenta Juan García, de confecciones Lesmes. Le acongoja el silencio de la calle. «No hay alegría, ni los chavales gritando», lamenta.

Lloviendo y con las terrazas cerradas la noticia de la prórroga del confinamiento perimetral hace mella. Hay más desaliento que miedo al contagio. «Ya no es solo el covid, es lo que nos está afectando psicológicamente... Vas a los bares, cumples las normas... los chavales... bueno ahí están los botellones», señala.

Ve falta de rigor en otras conductas. «Mucha gente viene a por tela para mascarillas, pero yo no vendo. Son telas especiales. No se puede usar una sábana vieja. Ahora importa más el diseño que proteja. Estos reyes van a ser la de Dios, mascarillas para todo el mundo».

Termina la conversación. Hay clientes, llueve, y esperar en la calle por el aforo. «Las normas hay que cumplirlas, si no, no sirven», agrega. También echa en falta vigilancia a las entradas de la ciudad. Más policía.

«La gente está desanimada y desorientada», valora José, que lleva 40 años en el surtidor de gasolina de San Francisco. El bajón del 20% que sufrió durante el confinamiento no se ha recuperado del todo y ahora «otro bajón» por el efecto de la hostelería, el teletrabajo y la gente que no entra en León. «Hay que prevenir antes de que pase. Los fines de semana la Cerca se llena de jóvenes que hacen botellón. ¿De qué vale que venga la polícia después?», se pregunta.

«Están usando a la policía para multar y deberían estar en la calle. Tuvieron paseando al Ejército por las calles durante el confinamiento y ahora a multar, mientras tiras a sectores que no tienen culpa de nada», lamenta. «Es mi opinión, un ciudadano de a pie», concluye con humildad. Tan desconcertado y desanimado como muchos: «No podemos ver a la familia por no poder salir, vieven fuera de León», remata.

Otros 14 días de encierro y... ¿en Navidad qué va a pasar?
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