martes. 31.01.2023
LA POBLACIÓN aumenta con un vigor desconocido, rompiendo las previsiones pesimistas que hicieron los demógrafos cuando terminó el baby boom en los años setenta. El primer bien de un país es su población y en lo poco que va del siglo XXI la nuestra ha aumentado en tres millones de personas. En este momento hay en España más de 43,5 millones de habitantes y de ellos más del 7 por ciento son extranjeros, pues los inmigrantes son los que impulsan el boom poblacional. Basta con mirar a nuestro alrededor para darnos cuenta, tal como confirman las estadísticas oficiales, que somos más y más morenos. El último padrón municipal, el del año 2002, registró 879.170 nuevos empadronados de los que 50.000 son la diferencia entre nacidos y fallecidos, lo que deja 830.000 apuntes para los inmigrantes Además, el 10 por ciento de los nacidos en España son hijos de madre extranjera. Puede que los censos municipales están algo hinchados, en parte porque los inmigrantes que retornan no suelen darse de baja y algunos hacen doble o triple empadronamiento pensando que así se aseguran los beneficios sociales (sanidad y educación). Pero, en cualquier caso, nos quedaría una cifra anual que no bajará de los 700.000 inmigrantes, catorce veces más que la del crecimiento vegetativo. La sociedad española y su potencial de crecimiento reclama nueva mano de obra y pretender que sólo vengan los inmigrantes adecuados, con contrato de trabajo y documentación en regla, y que cuando acaben su tarea vuelvan a sus lugares de origen, es irreal. Ningún fenómeno inmigratorio funciona así. Hay un problema que exige reformas legales y nuevas actitudes y ante el que han acreditado ineficacia las sucesivas leyes de extranjería. Las migraciones van a ser uno de los hitos históricos del siglo XXI y son un elemento de progreso y de dinamización, si se realizan de modo ordenado y con un espíritu de solidaridad.

Más y más morenos
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