Diario de León


La tecnología rearma la tradición para luchar contra el fuego en Las Médulas

- El estudio se enmarca en el proyecto nacional Agrofores y se presentará en Biocastanea

- Investigadores de la ULE constatan con satélite que el impacto ecológico en los sotos maduros bien gestionados sufrieron un impacto ecológico mucho menor que los que presentaban más carga de vegetación en un contexto devastador idéntico

Integrantes del grupo de investigación, en trabajo de campo.

Integrantes del grupo de investigación, en trabajo de campo.DL

María Carro
Ponferrada

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El Grupo de Investigación de Ecología Aplicada y Teledetección (Geat) de la Universidad de León se ha sumado al equipo de profesionales que analizan los efectos de los graves incendios que asolaron el Bierzo este verano, centrando su actuación en una superficie de castaños cedida por Cesefor muy próxima al Monumento Natural de Las Médulas. Es un estudio enmarcado en el proyecto de ámbito nacional Agrofores, financiado por la Fundación Biodiversidad, cuyos resultados serán presentados el jueves en las jornadas técnicas organizadas en el marco de Biocastanea y que no hacen más que constatar lo que la lógica rural impone, que volver al pasado es la única medida eficaz para preservar el presente y garantizar el futuro. Solo los aprovechamientos o usos tradiciones agroforestales pueden garantizar que algo como lo que ha pasado este año no se vuelve a repetir.

«Para analizar el impacto ecológico del incendio o el cambio respecto a la situación preincendio, hemos utilizado datos y técnicas de teledetección, como imágenes multiespectrales de satélite, y una vez que hemos calculado de forma precisa la severidad del fuego, hemos evaluado los cambios estadísticamente significativos que han ocurrido entre sotos de castaños maduros y que, además, están adecuadamente gestionados y otros sotos que tienen una mayor carga de combustible en el sotobosque», explicó el investigador y profesor del área de Ecología de la ULE, José Manuel Guisuraga. El objetivo es «evaluar si existen diferencias en el impacto ecológico del fuego en función del grado de utilización o el estado actual de los sotos y hemos visto que son importantes», añadió.

Las castañares maduras (las de mayor edad y envergadura) y que se encuentran adecuadamente gestionadas, con una carga baja de combustible, «han experimentado una severidad del fuego mucho menor que los sotos con más carga vegetal en sotobosque y una mayor continuidad horizontal. Por ejemplo, en esos sotos de castaño adecuadamente gestionados, hemos observado un menor grado de consumo de arbolado y las copas se encontraban soflamadas en vez de consumidas, es decir, afectadas por el calor del incendio de superficie pero no por un incendio de copas que ha calcinado completamente la vegetación», explicó el profesor del Grado de Ingeniería Agraria y Forestal del Campus de Ponferrada. Esto marca la diferencia entre la vida y la muerte del árbol en un contexto adverso idéntico, puesto que son castaños próximos afectados por el mismo fuego. Los primeros —asegura Guisuraga— probablemente se recuperen por sí solos, mientras que ante la calcinación total, volver a plantar y empezar de cero será la única alternativa.

«Nos encontramos en una comunidad autónoma con una superficie forestal enorme y gestionar todo eso sería imposible. Hay que poner énfasis en la gestión de las zonas cercanas a los pueblos, a actividades productivas, etcétera; pero fundamentalmente hay que promocionar el medio rural para reducir la acumulación de combustible. Las intervenciones selvícolas —son útiles, pero tenemos una extensión de terreno forestal que sería inabarcable», explicó José Manuel Guisuraga, que no solo dedica su actividad investigadora a los sotos de castaños, sino también estudia pinares de resinación, sistemas de olivares de montaña y zonas de pasto de alta montaña en siete áreas territoriales del país, dentro del proyecto Agrofores.

«Hemos evaluado cómo los escenarios de gestión tradicional en sistemas agroforestales multifuncionales pueden mejorar la resistencia y la resiliencia de los ecosistemas frente a perturbaciones como incendios forestales y cómo pueden contribuir a conservar la biodiversidad y el desarrollo socioconómico del medio rural», resume el investigador de la Universidad de León. El estudio llevado a cabo en Las Médulas no es más que otra pieza en ese puzle de territorios que «pueden servir como zonas estratégicas de gestión» en la lucha contra el fuego.

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