Reportaje | p.r.g.
Las gallinas de los huevos de oro
Una granja de El Barraco surte a la Casa Real, el Hotel Ritz y Casa Lucio

En la granja todo son mimos para las gallinas.
Música clásica para fomentar la relajación, luz natural para crear un ambiente cálido, un sistema de ventilación moderno que permite la entrada directa de aire del exterior, adaptación total a la nueva normativa europea, amplitud de espacio, respeto absoluto de ocho horas diarias de sueño, medidas higiénicas a la última, alimentación cien por cien natural, todo ello enclavado en un encinar de gran belleza en el municipio abulense de El Barraco. Aunque parezca que se trata de un hotel o una casa rural, en realidad se refiere a la Granja Avícola Redondo, donde unas 40.000 gallinas «trabajan» en las mejores condiciones. Sus huevos son de tal calidad que han conquistado, entre otras mesas, las de la Casa Real, el Hotel Ritz y las del famoso restaurante Lucio de Madrid.
La granja es propiedad de un padre y tres hermanos, señala uno de sus dueños, José Ignacio Redondo. La granja la fundó su padre, y luego fue José Ignacio el que la mantuvo. El negocio va viento en popa, y sus hermanos han decidido apostar por él. A diario, tienen una producción de 90.000 huevos.
Cuentan en total con seis naves. Empezaron con una granja de 4.000 gallinas y ya suman más de 100.000. Las gallinas, blancas -“que ponen los huevos blancos- y rojas -que ponen los huevos morenos- llegan a la granja con cuatro meses de edad. Durante 30 días, permanecen en un periodo de adaptación a la granja. Al quinto mes, empiezan a poner.
La nave, de enormes dimensiones, es el hogar y lugar de trabajo de las gallinas. La temperatura es muy cálida, pero no asfixiante, y la luz natural y el aire exterior entran desde el techo. La normativa ordena que deben dormir un mínimo de ocho horas diarias, y así se cumple. Además, las gallinas comen cada dos horas. José Ignacio explica que la gallina necesita «16 horas de luz, diez para comer y seis para hacer el huevo».
Comen un pienso elaborado con maíz, soja y cebada, y beben agua de una especie de biberones que garantiza que éste no se ensucie. En sus jaulas, disponen de perchas para que estén cómodas, un nidal para «poner el huevo en la intimidad» y cuentan con un «baño higiénico, para que se laven tras poner el huevo», indica José Ignacio.