Diario de León
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ernesto escapa
León

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Hubo un tiempo en que la debilidad del gobierno Zapatero y la inmediatez del triunfo absoluto popular alteraron a las huestes provinciales, metidas entonces en la gestión financiera del proceso de fusión de las Cajas. Aquello era jauja, se manejaban recursos sin tasa y no iban a venir los listos autonómicos a decir cómo tenía que hacerse. Recordad las melonadas del presidente de la Federación Regional de Municipios y Provincias, entonces y ahora alcalde de Ávila, o de su homólogo en León, Francisco Fernández. Aquel señalando que sus decisiones financieras no eran gestos obedientes a nadie, y el otro virando hacia la Caja asturiana, porque allí veraneaba de pequeño y empezó a manejar la tarjeta. Uno inauguraba la sede de su organismo en Valladolid, donde el acomodo de cada empleado sale por más de un millón de euros, mientras Francisco Fernández iba mirando por lo suyo.

También podríamos echar el ojo a Burgos o Salamanca, a Zamora, Palencia, Soria, Valladolid o Segovia. Porque el desastre fue general y mayúsculo. Llegaron al gobierno de las Cajas en nombre del interés general y allí pasaron una época feliz, aprovechando recursos, dispensándose créditos sin mochila de intereses y malbaratando los fondos socioculturales en aguinaldos partidistas. Les tocó gestionar las fusiones y lo hicieron siguiendo la estrategia de la huida. Los del Norte, mirando hacia arriba; los del Este hacia Navarra; los del Sur, hacia Madrid. La pandilla de cada sitio seducida por el reclamo de sus vecinos más ricos. El proceso resultó una calamidad, de la que únicamente se beneficiaron -a costa de los ahorros comunales- sus gestores. El precio de sus puentes de plata agotó los últimos recursos de unas entidades centenarias. Los dispendios en aguinaldos directivos permitirían mantener la clausurada actividad social y cultural de las Cajas.

Ahora mismo coinciden dos procesos derivados de aquella verbena, cuyo alcance no es posible calibrar de momento. Por un lado, el desfile judicial de los gestores institucionales de Bankia. Y por otro, la tardía decisión de los partidos políticos de ponerse a remediar con urgencia la vergüenza de las hipotecas fallidas. Ambos movimientos apuntan hacia las consecuencias de aquel desmadre. De momento, sin embargo, lo que ocurre es que mientras la totalidad de los exhaustos ciudadanos contribuye a tapar el agujero de las entidades financieras, los autores del descalabro disfrutan felizmente de sus escandalosas jubilaciones, de sus créditos desmedidos o de esos pisitos escogidos con privilegio y financiados sin coste alguno.

Todo este desmán sucede mientras la gente del común asiste a la pérdida de sus casas, que a menudo afecta también al patrimonio de los fiadores. Una situación sangrante, pues mientras el descalabro de las entidades malbaratadas se sufraga con dinero de todos, a quienes no pueden hacer frente a su compromiso hipotecario por una dificultad sobrevenida, se les aplica la severidad más inclemente. De momento, empiezan a pasar por el juzgado los consejeros de Bankia, cuyo agujero es mayor que todos los demás. Ahí se apuntaron las Cajas de Ávila y Segovia, presididas por Agustín González y Atilano Soto, presidente y ex presidente de las respectivas diputaciones. Lo que se va conociendo de las comparecencias no puede resultar más desolador. No saben, no entendían, aunque sumaban un sustancioso sobresueldo a sus otros empleos públicos. Abierto el filón judicial, hay curiosidad por asistir a la comparecencia de los demás gestores de nuestras entidades de ahorro.

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