Diario de León
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ernesto escapa
León

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De un tiempo a esta parte, va calando la animosidad del gobierno de España hacia los asuntos de aquí, donde también gobierna, en todas las escalas de mando y en proporción masiva, gente de su mismo partido. Siempre hubo una cierta percepción de desdén, que equivalía a mirar antes para otro sitio cuando tocaba repartir, mientras las quitas se entrenaban por aquí, que para eso tenemos un territorio ancho y poco cohesionado con un paisanaje escasamente bronco. El proceso del despojo se ha repetido muchas veces. Pasó en enero de 1985, cuando el ministro Enrique Barón, que entonces venía mucho por Vidanes, clausuró unas cuantas vías de ferrocarril. Nadie protestó muy alto, porque enseguida íbamos a ser europeos, a tener trenes de alta velocidad y una malla de autovías entre todas las capitales del país. Para evaluar el cumplimiento de aquellas expectativas no hay más que echar un vistazo alrededor.

Pero no es preciso ir tan lejos con el repaso, basta con mirar al año que está a punto de concluir. El hachazo al carbón destapó el desbarajuste energético, protagonizado por un ministro cuya ocurrencia más jaleada consistió en anunciar la búsqueda de petróleo submarino junto a sus islas Canarias, en aguas territoriales de otra soberanía. La negativa a cumplir los compromisos del Plan del Carbón condenó irremediablemente a nuestras cuencas. Hubo marcha minera a Madrid, reiteradas manifestaciones masivas y un repliegue ordenado hacia la conformidad. Otra vez más se repitió la secuencia de las sacas sucesivas, que la gente atribuye a Brecht, aunque corresponde al sermón de un pastor luterano aterrado por el acecho de los nazis. «Primero se llevaron a los mineros, pero a mí no me importó, porque yo no lo era».

No nos dimos cuenta entonces de que la minería sólo era el primer paso de nuestra liquidación. Pero enseguida asistimos al desalojo de los fabricantes de molinos eólicos, porque tampoco el horizonte de las energías renovables aparece despejado, después de tantos esfuerzos y expectativas consumidos en vano. Y finalmente, llegó el turno de la charlotada nuclear. Todavía fresco el envite electoral sostenido por el Partido Popular para prolongar la actividad de la central de Garoña, la empresa Nuclenor decidió echar el cierre, según parece para escurrir el bulto impositivo. Los gobiernos de España y de Castilla y León primero titubearon y luego no se lo podían creer, pero mucho menos los vecinos de aquel tramo del Ebro, que ahora van a perder el empleo y la dote de varios miles de millones del Plan Garoña. Porque el ministro Soria no cumple los compromisos.

Mientras asistimos a esta tanda de sopapos, la Agencia Internacional de la Energía señala que el carbón repunta en la Unión Europea y que para 2017 igualará al petróleo como primera fuente energética. No el nuestro, por supuesto, que permanecerá enterrado como reserva estratégica. Otro fósil más para atraer visitantes. Claro que los últimos acechos del gobierno de España también ponen en alerta intangibles de nuestro bienestar, como los regios paradores o los codiciados ibéricos. Con un panorama así, no hay forma de reposar ni manera de consumir y tener cuerpo para celebrar la alegría de unas fiestas como dios manda. Sin pamplinas. Y sin cerrar los ojos, porque nos la pegamos.

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