VERLAS VENIR
Sueños a la deriva
Los asuntos públicos colean, dibujan bucles de demora y rebrotan al cabo del tiempo con insolencia de novedad, como si todos sus meandros de atraso nunca hubieran existido. Es la lógica cansina con la que se tramitan las urgencias en la esfera institucional. De ahí, el pasmo lelo con que luego observan los brotes de desesperación de la gente. Mientras los valles mineros digieren el peso de la derrota, las instancias oficiales relacionadas con el carbón van ampliando los plazos de convocatorias sucesivas, aunque detrás de sus nombres rimbombantes no haya más que enredos y decepción. Pasó la otra semana con una inadvertida Conferencia Sectorial del Carbón, que se celebró en el Ministerio de Industria. Allí acudieron, según confidencia parlamentaria de Tomás Villanueva, los consejeros del ramo de Aragón, Asturias, Castilla-La Mancha y Castilla y León. Como si se tratara de problemas equivalentes. Tampoco arreglaron nada, quizá por la nutrida concurrencia, y todo quedó aplazado a la primera quincena de junio, cuando se discuta otra vez más la política energética de España. Entonces, el carbón ya sólo será un asunto residual, desplazado del primer plano por la urgencia del fracking (extracción de gas del subsuelo), por las exigencias de arreglo nuclear con las grandes compañías eléctricas y por el intento de ir paliando el desastre de las energías renovables. En lo que nos interesa de forma prioritaria, que es la supervivencia de los valles mineros, parece que la estrategia ministerial consiste en ir asfixiando explotaciones de forma selectiva, de manera que en poco tiempo el drama se vea reducido a la mitad y así sucesivamente, hasta que ya resulte insignificante.
Pasa otro tanto con las víctimas de las preferentes de Caja España Duero (ahora Banco Ceiss). Los preferentistas gallegos incordian al presidente Núñez Feijoo, mientras los de Bankia ocupan los informativos y desvelan incluso a la Defensora del Pueblo, que se pronuncia tenuemente sobre la injusticia cometida con ellos. A los nuestros los van dejando desfallecer, como si su problema fuera el resultado de una desdichada operación financiera entre iguales. Bien saben que no es así. Lo conoce perfectamente la cúpula de la entidad, que buscó en los ahorros de sus impositores un alivio a los problemas de liquidez. Echaron mano de lo que tenían más asequible para financiarse, siendo conscientes del atropello. Por eso, en las actas del Consejo de Administración de la entidad figuran varias tentativas de resolver el embrollo. Cuando todavía era posible la solución (noviembre de 2011), se desecha la exigencia de un consejero del «inmediato canje de las participaciones preferentes y de las obligaciones subordinadas por cuentas de depósito a plazo fijo (plenamente líquidas y garantizadas) a 5 años con tipos del 2%». La excusa entonces fue «la urgencia de las necesidades de capital» y el voto de los consejeros resultó ovejuno y monolítico. Pero como arrastraban la mala conciencia del abuso cometido, en mayo de 2012 el Banco Ceiss tramitó aquel mismo canje, rechazado cuando todavía era viable, ante el Banco de España y la Comisión Nacional del Mercado de Valores. Les dijeron que de qué iban. Porque ya regían las condiciones derivadas del rescate bancario europeo. Ahora, unos y otros, directivos y consejeros, partidos, sindicatos y organizaciones empresariales implicados en el desastre, miran para otro lado, esperando a ver si amaina la protesta y los perjudicados desfallecen.