Diario de León

«Es una persona seria, responsable y trabajadora»

Los vecinos de Serranillos (Ávila) dicen que el conductor es «excepcional».

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ANTONIO GARCÍA | serrranillos
León

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Cuando se realiza el trayecto entre Ávila y el municipio de Serranillos, de lo que uno se da cuenta es de las complicaciones de una carretera muy sinuosa, que al desembocar en este pueblo de apenas 300 habitantes se encuentra con una parada de metro junto a la del autobús. La sorna de algunos lugareños que en su día emigraron a Madrid, les hizo situar en ese lugar estratégico dos señales. Una de «metro a 200 metros» y la otra de «metro», como si debajo estuviera el suburbano. Entre medias de ambas indicaciones se encuentra la fatídica parada de autobús de la que ayer por la mañana volvió a partir el autocar que realiza el trayecto hasta Ávila. El mismo en el que un día antes perdieron la vida nueve personas a la altura de Tornadizos, a menos de 10 kilómetros de la capital abulense. Aunque estaba de vacaciones, Hugo Gil Peral abandonó ese periodo de descanso para suplir a Ramón G.S., el conductor que el lunes iba a los mandos del vehículo si-niestrado, cuando transportaba a 31 personas. En su pueblo todos están «consternados», tal y como aseguró a este periódico su alcalde, Carlos Cayuela, que el día anterior pudo hablar con Ramón, a quien encontró «totalmente destrozado». El regidor, que da el «más sentido pésame» a las familias de los fallecidos y a los afectados por el accidente, define a su vecino como una persona «seria y responsable». En esta idea coincidieron prácticamente todos los vecinos con los que este periódico pudo hablar, si bien entre algunos —los menos— imperó la ley del silencio. Dos vecinas del conductor que estaban sentadas a la sombra en una casa situada frente al hogar de Ramón bajaban la cabeza para declinar amablemente hacer declaraciones sobre lo sucedido. Decían sentirse ellas también muy afectadas, porque le definen como una buena persona que tuvo «mala suerte». Frente al movimiento que se vi-vía en el centro del pueblo, en la zona alta en la que se sitúa la casa del conductor reinaba un silencio casi sepulcral, con vecinas que hablaban en bajo, mientras José González pasaba por allí y se refería a su vecino como un «buen chico». Reconocía vivir con «pena» todo lo sucedido, mientras señalaba que probablemente Ramón se encontrara en Ávila o en Guadalajara, donde viven su mujer e hijos. Allí había trabajado durante años en una fábrica y conduciendo camiones de gran tonelaje hasta que se quedó en el paro, tal y como explica el alcalde. Fue entonces cuando ante la oportunidad de volver a tener empleo se decide a presentar-se como conductor de la línea Se-rranillos—Ávila—tanto la regular como la escolar. Al ser elegido para ese puesto, abandona Guadalajara, donde aún permanece su familia, y se instala en la localidad de la que tanto él como su esposa son «hijos». Lo hace en una antigua casa familiar que ayer permanecía cerrada a cal y canto, con las cortinas de la puerta echadas y las persianas bajadas. En torno a esa humilde morada situada en la calle El Sol todo era silencio. Todo lo contrario que en la plaza del Ayuntamiento, donde no pocos vecinos estaban dispuestos a hablar para lamentar lo sucedido y referirse a Ramón como una persona «seria, responsable y trabajadora», tal y como comentó Neme, un vecino que conversaba con un hermano y otro lugareño. Aunque Neme lleva-ba la voz cantante, los que estaban a su alrededor en medio de la calle asentían ante sus aseveraciones. «Nunca ha bebido», añadía, antes de señalar que «no tiene enemigos» en Serranillos y de hacer un llamamiento a los políticos para que, al margen de que todo estuviera en regla, tuvieran en cuenta el estado de las infraestructuras de la zona y de los vehículos que por ellas transitan, haciendo referencia a lo sinuoso del recorrido y a los 16 años del autobús. En una ácida crítica hacia los políticos, les reclamaba «menos fotos» en este tipo de situaciones y más atención a un medio rural que a su juicio se siente «discriminado». A la charla en medio de una de las calles que desemboca en la plaza se incorpora un chaval de 18 años, que el lunes podía haber su-bido al autocar siniestrado. Se trata de José Luis de la Caridad, cuya cita con la autoescuela en Ávila quedó aplazada para el día siguiente por la profesora. Gente con suerte La misma maestra que en torno a las 10.00 de la mañana del lunes, apenas una hora después del suceso, le sacó de la cama para confirmar que no se había subido al autobús. Lo mismo que le pasó a otro chaval que cambió el autocar por un coche que le trasladó a Ávila. «Menos mal que no viajé», comentaba el joven, antes de que Neme interrumpiera la conversación para señalar que desde el pueblo se apoya a la familia de Ramón, pero también a los familiares de las víctimas, porque «todos» dicen conocer a muchos de los que suelen su-birse en el resto de los pueblos del trayecto. «Todos nos conocemos», añade. Mientras tanto, José Luis de la Caridad, que durante el invierno realiza el trayecto escolar hasta el instituto de Navaluenga con este mismo conductor, aseguraba que nunca habían tenido ningún problema. «Todo bien», afirma al ser preguntado sobre los viajes que había realizado con Ramón.

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