Diario de León

ACOGIDAS

Refugios a la espera de papá y mamá

Aumentan un 5% los menores tutelados por la Junta

Tres niños ven dibujos animados y juegan en el centro de acogida El Carmen, de Valladolid.

Tres niños ven dibujos animados y juegan en el centro de acogida El Carmen, de Valladolid.

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ALICIA CALVO | VALLADOLID
León

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Manuel es un bebé de pocos meses. En otras circunstancias sus padres competirían por intentar que dijera primero ‘papá’ o ‘mamá’. Pero en su breve vida las dos palabras han sido sustituidas por un ‘adiós’ que no ha pronunciado ni elegido: es el más pequeño de todos los niños que residen en el centro de acogida El Carmen, de Valladolid.

Se abraza a su cuidadora, sonríe con una inocencia desarmante y espera. No lo sabe, pero espera. Entre biberones y desvelos, quienes le cuidan desean que sus primeros pasos no los dé en el centro sino que le asignen una familia de acogida hasta que regrese con sus padres biológicos o, si esto no es posible, comience con unos adoptivos.

Manuel es uno de los 81 menores que en Castilla y León esperan una familia ‘acogedora’, un hogar ‘puente’ en el que encontrar afecto, vínculos y estabilidad mientras su situación definitiva se resuelve.

«Los niños están bien atendidos, pero en una familia de acogida estarían mejor. Hay cosas que el centro no le puede dar», comenta Susana Subiñas, educadora de El Carmen. A la vista, no hay ninguna carencia: todo esta pensado para ellos. Rodeados de adultos que velan por su bienestar, disfrutan de sala de juegos, biblioteca, cuarto de la tele, patio con columpios... Sin embargo, la buena temperatura de los radiadores no consigue del todo el calor de hogar.

«Las relaciones familiares son insustituibles. Esto es más inestable. Ven marchar a otros compañeros y es duro mientras se quedan. Piensan ‘¿por qué él se va y yo no?’. Además, en una familia no tienen que lidiar con la mochila de problemas de otros niños. Aquí son muchas mochilas juntas», relata. Pero también deja claro que los centros residenciales –59 en Castilla y León– tienen sus propios méritos: «La diferencia de cuando llegan a cuando se van es muy grande. Florecen».

El Carmen sólo acarrea una pequeña parte de las mochilas infantiles cargadas de problemas en Castilla y León. En 2013, la Junta protegió a 1.868 menores y tuvo que asumir 1.381 tutelas, los casos más graves. Un 5% más que en 2012.

A esto se llega «tras agotarse todos los mecanismos de protección, como programas de intervención que tratan de reconducir a la familia para que no sea necesario separarla de los menores», indica Pablo Rodríguez, director técnico de Infancia de la Junta, que maneja otras cifras indispensables para conocer una panorámica de la infancia en peligro en Castilla y León: en un año los equipos de prevención han atendido a más de 5.000 menores y el 70% no llegó a ser separado de su familia.

Cuando Servicios Sociales considera que la única opción es alejar al niño de sus padres —en principio temporalmente— «la prioridad es que no acudan a un centro de acogida y sí a una familia», resalta Rodríguez. Lo mismo cuando los progenitores renuncian a sus hijos.

Las gerencias territoriales estudian primero a familiares directos y, si ninguno resulta idóneo, la siguiente estrategia son los acogimientos con familias ajenas a través de un programa que desarrollan la Junta y Cruz Roja.

En la práctica se dan ambas situaciones casi por igual. Las cifras de 2013 revelan que de las 1.173 acogidas en familias, casi la mitad (530) correspondieron a algún allegado como tíos o abuelos. A esto se suman 890 menores que estuvieron en centros.

El objetivo de todas las acogidas es «retornar al hogar de origen si se dan las condiciones óptimas», incide el director de Infancia. Si no, buscar familias de adopción.

En ese periodo intermedio los acogimientos se convierten en refugios hasta que aparecen papá y mamá. Esa estancia en acogimiento puede durar días o meses. Rodríguez explica que la acogida tiene un límite de dos años para que los pequeños «no estén con una incertidumbre eterna, sin saber si vuelven a su casa o no».

Pese a que requiere grandes dosis de esfuerzo y de solidaridad, estas fórmulas han calado en la Comunidad. En los últimos tres años ha crecido un 18% el acogimiento familiar y ha disminuido un 12% el residencial (en centros). Sin embargo, «aún se necesitan familias», subrayan Mónica Monge y Raquel Lozano, trabajadora social y psicóloga, respectivamente, de Cruz Roja en Valladolid.

En general existen dificultades para hallar un hogar temporal «a niños que tienen más de 8 o 9 años, necesidades especiales, problemas de salud o de conducta, son de diferente raza o grupos de hermanos», exponen.

A estas complicaciones se suma la crisis. Aumentan ligeramente las suspensiones temporales dentro de la bolsa de familias. «Tienen voluntad pero al quedarse en paro, cambiar la jornada laboral u otras circunstancias personales ya no pueden acoger, al menos, de momento».

Quienes sí puedan deben saber que no es necesario un perfil determinado, sólo hace falta «estar mentalizado», indica Raquel Lozano. Conocer que es algo temporal y prepararse para la despedida. «Tienen que venir con una motivación adecuada, saber que no se trata de tener un hijo, sino de cuidar a un niño», explica Mónica Monge. «Y tener siempre presente que ese niño se irá», que aprenderá a decir ‘adiós’.

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