Diario de León
Publicado por
ernesto escapa
León

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E se es el viaje que llevamos desde que las urnas europeas dieron voz al descontento. Aquellos resultados dejaron aturdidos a los socialistas, perplejos a los populares y levitando a los premiados. El primer amago fue, como siempre, tomar el rábano por las hojas y rebajar el alcance del castigo. O sea, con disimulo y jaleando de paso la pedrada al vecino. Pero esta vez no valió. Fue la ocasión que desacreditó las excusas de argumentario. Se trataba del primer aviso serio a los partidos nucleares de nuestro sistema, los que acumulan tradición de gobierno. Porque de repente sumaban su reproche la abstención y las desafecciones. A partir de entonces, sucedieron cosas, aunque quizá no todas las precisas. Hubo relevo en la dirección socialista nacional y autonómica, aunque tampoco eso significó desterrar las zancadillas. La corrupción siguió acumulando casos, alguno muy cercano, y hasta Rajoy, después de tantas renuncias, tuvo que prescindir de un par de ministros.

Pero la sensación es que los partidos nucleares no entendieron el aviso y se disponen a pasar el trago como si nada, con el riesgo de que acaben echándonos la pota a todos. Están asomados al precipicio e invitando al empujón. Esa parálisis, que oscila entre el aturdimiento y la perplejidad, ha sido lo más irritante para el común de la gente. Porque chirría que organizaciones acostumbradas a reclamar madurez y sacrificio a la ciudadanía, que se ha visto obligada a digerir medidas dolorosas que parecían necesarias, se muestren luego altivas y sordas a los avisos. Las excusas fueron más bien simplonas. Para empezar, que los resultados de las urnas europeas no son trasladables a elecciones nacionales, autonómicas o municipales. Precisamente por eso debieron ser atendidos con mayor cuidado. Por lo que tienen de advertencia severa de disgusto sin hacer sangre, pero reclamando respuesta.

En esa tesitura, mirar para otro lado, increpar al vecino o celebrar la derrota aún mayor del adversario, son provocaciones diferidas, que sin duda acaban recibiendo su merecido. No de inmediato, sino cuajando poco a poco, cual lluvia fina. Entonces nadie pensó en lo importante que era gestionar con grandeza los castigos razonables de una ciudadanía agobiada por las privaciones de la política de ajustes. Pasaron los días y los meses, dimitió Rubalcaba y abdicó Juan Carlos, Pedro Sánchez tomó el relevo socialista, se alborotó Cataluña con la pluricorrupción pujoliana, hubo consulta de secesión, saltó la redada de los púnicos y todo se consumó en un barullo de amagos, zancadillas, empujones y galleo fatuo. Sin entender que es imprescindible otra forma de hacer política. Que es preciso explicar las veces que haga falta cada una de las decisiones y compartir con la ciudadanía sus efectos. Y que ya no vale contemplar los apuros de la necesidad desde el confort y la lejanía de los despachos.

De momento, surcamos el mes más duro de un año sembrado de urnas y sin atisbos de corregir el rumbo. Donde había tres citas electorales, ya hay cuatro y pronto puede que cinco. Las encuestas reflejan el creciente malestar de la opinión pública, mientras al otro lado se extreman las carreras para coger sitio. Primero fue la aparición para quedarse de Podemos, que viene de las concentraciones callejeras de perroflautas, y luego otras emergencias, como Ciudadanos. Aunque el tablero sigue efervescente.

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