VERLAS VENIR
Torpezas para empezar
M ientras las nuevas Cortes avanzan a velocidad de crucero, el arranque del gobierno no ha estado exento de vacilaciones ni ha evitado los tropiezos, que revelan la disfunción de algunos engranajes, cuya rodadura si no se engrasa y corrige a tiempo podría acabar gripando su circulación durante estos cuatro años. En tal sentido, hay que señalar que resultaron devaluadas y hasta estrafalarias, por el desorden imperante y por su inadecuado enclave, las tomas de posesión del presidente y de su gobierno, tanto del pelotón inicial como del consejero descolgado para el lunes y trece.
En un recinto amplio como el de las Cortes, tan generosamente dotado de espacios singulares, no se concibe que la toma de posesión del presidente se celebrara en una sala sin capacidad, concentrando al impaciente revoltijo de asistentes con un cordelillo protocolario y sin otra posibilidad de prolongar el encuentro que cabildear un rato por los pasillos antes de salir corriendo, cada oveja con su pareja y cada conseguidor con su encomienda. Si hacemos bandera de nuestros productos de la marca Tierra de Sabor (que ese sí es un emblema envidiado por otras Comunidades), no prescindamos de su compañía relevante en un acto solemne como el juramento presidencial, que normalmente sólo ocurre cada cuatro años.
Lo que vino unos días más tarde, con la toma de posesión del gobierno, todavía empeoró las cosas. Y ese es un rumbo en el que mejor sería no insistir. Esta vez el albergue fue el salón de mapas del Colegio de la Asunción. Un espacio canijo e insuficiente, sin otra posibilidad para un acto solemne que la deriva hacia el barullo. Porque afecta al compromiso de transparencia y devalúa las expectativas de la gente. Sólo con los agobios de un escenario semejante se le pudo ocurrir a alguien la propuesta de incorporar al portavoz parlamentario del partido en el Consejo de Gobierno, lindeza que luego se ha ido matizando sin renunciar a ella, hasta dejarla en nada. Felizmente. Aunque para encajar esa pintoresca invitación se prescindiera en la jura o promesa de los miembros del gobierno, por primera vez desde 1983, del compromiso expreso de guardar silencio sobre las deliberaciones de los consejos.
Se dirá que todos estos reparos son gaitas de acompañamiento que en nada afectan a la gobernación y en parte pudiera hasta ser cierto. Aunque no lo es menos que enturbian la transparencia y devalúan el crédito social de la institución. Cuyos deberes con claros y urgentes. Para empezar, la supervivencia de las explotaciones ganaderas dedicadas a la producción láctea, la materialización en toneladas contables del compromiso fluctuante de quemar carbón nacional en las térmicas, y el arranque de una vez por todas de las obras públicas, después de años de parálisis, para que su tirón nos saque de la modorra, que ya va durando demasiado.
La cuestión láctea la lleva con diligencia la consejera Milagros Marcos, digna heredera en brío de Silvia Clemente. De inmediato, convocó al Consejo Agrario para buscar soluciones a la asfixia terminal provocada por los cárteles alimentarios sobre los ganaderos de diversas zonas. Respecto a los otros asuntos del panel de urgencias, Herrera ha echado mano de Suárez-Quiñones como embajador ante el gobierno de Madrid. Y parece que la maquinaria ha vuelto a desarbolar el lecho de la autovía en Santas Martas, después de tres años de abandono.