Diario de León
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ernesto escapa
León

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L as vergüenzas se lavan en casa, aunque luego se distribuya la cuelga por distintos y dispersos tendederos. Poco importa en el lavadero que los modales sean viejunos o renovados, porque al final todos acaban con la misma friega. Es la estrategia de los partidos cada vez que toca renovar candidaturas. Este trámite de preparar las listas parece el más delicado, porque desboca ambiciones y enzarza en la pelea a colegas y amigos de apaciguada convivencia. En ese trance de ordenar el abanico, se olvidan principios y fidelidades para sacar adelante el capricho de los jefes. Y tanto da León como Valladolid, Palencia que Burgos; Ávila o Salamanca, y Zamora que Segovia o Soria. Ciudadanos o socialistas; populares o podemitas. Porque de todo y para todos ha habido en este proceso.

Alimenta la gresca la expectativa de unos resultados contraídos, con poco espacio para alegrías. Se estrenó Podemos con la dimisión de su secretario de Organización y procurador Pedro de Palacio, candidato a encabezar la lista al Congreso por Burgos. Una historia escabrosa de abusos ocurrida en el ámbito familiar hace trece años, cuya pena cumplió en los términos ordenados por el juez, fue desvelada por un diario digital con perfiles de ajuste de cuentas. Después de unas horas de desconcierto, el toque de Pablo Iglesias empujó a la dimisión de todos sus cargos y expectativas al joven burgalés. Más crudo lo ha tenido Ciudadanos, el otro partido emergente, tanto en León como en Valladolid. De hecho, en Valladolid tuvo que recurrir a la expulsión de su concejal y portavoz Jesús Presencio, un personaje que si no supo comportarse con la bebida, dando la nota ante la policía que le echó el alto, ha estado aún menos digno a la hora de digerir los efectos de aquella trompa, negándose a liberar su asiento en el ayuntamiento. No atiende sugerencias ni razones para irse. En León, el candidato Sadat Maraña tuvo que apearse de la papeleta por un embrollo curricular, después de unos días enmarañados con dimes y diretes, pero pretende quedarse como cabeza visible de la organización ciudadana provincial. Se supone que tampoco logrará semejante pretensión.

Pero la colada no sólo está siendo guarra entre los emergentes, sino que los viejunos no se quedan rezagados. Aparte de otras incidencias menores, los socialistas tuvieron su calvario en Palencia, donde el aparato desalojó de la candidatura a Julio Villarrubia, preferido por la militancia para encabezar la papeleta provincial. Es verdad que Villarrubia llevaba casi dos décadas en el Congreso, como portavoz socialista de Justicia. Pero no fue la gestión de esa tarea la causa de su desalojo, sino su enfrentamiento en las primarias autonómicas con el burgalés Tudanca, después de haber arropado en la previa competición federal a Madina frente a Pedro Sánchez. Villarrubia fue efímero secretario autonómico y su convivencia de un par de años con Óscar López nunca resultó modélica. Así que esperaron el momento propicio para cortarle el vuelo.

Quizá donde más se nota la tensión es en el partido Popular, cuyas expectativas electorales son claramente decrecientes. Con varias sorpresas chirriantes. Si León por fin se sacudió la pesada presencia del embajador volante de Génova, Alfredo Prada, y Valladolid no hizo hueco al condenado Javier León de la Riva, Rajoy en el último momento buscó acomodo en la lista de Madrid a la atleta palentina Marta Domínguez, sospechosa de dopaje.

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