VERLAS VENIR
Trileros y buscavidas
A unque tenemos bien aprendido que con las cosas del vivir no se juega y menos se trafica, los sucesivos tontainas con rango ministerial encargados del control de la energía por Zapatero y Rajoy prefirieron mirar para otro lado mientras los negociantes eléctricos practicaban el birle en perjuicio del interés general. Cerrando compuertas o parando motores para convertir la cuenta en lluvia de millones, de manera que la luz que alumbra a nuestros paisanos pudiera facturarse a precio de joyero. Hace dos años, la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia pilló a Iberdrola con las persianas de sus embalses bajadas y decidió imponer una multa de 25 millones de euros a la eléctrica «por fraude, actuación engañosa y artificio» ante la subasta del 19 de diciembre de 2013. Para entonces, Montoro había enmendado la pretensión de Soria de repartir el déficit del sistema eléctrico, un pellizco de 3200 millones, entre empresas, consumidores y administración. La sanción supone un veinticinco por ciento del perjuicio ocasionado aquel día a los consumidores y recae en la empresa eléctrica que cuenta con más embalses en nuestro territorio. Una empresa que también tiene en su comisión ejecutiva a un lince como el ex ministro abulense Ángel Acebes, la perla mediática del 11-M en Madrid. Podría parecer casualidad en estos días marcados por la pesadilla parisina, pero va a ser que no. Su presidente es el salmantino Ignacio Sánchez Galán, un paisano de Villavieja de Yeltes, en el Abadengo charro, que dispone de un sueldo diario de 42.000 euros, como refriega siempre que tiene ocasión el candidato de Podemos Pablo Iglesias. El presidente corporativo de Iberdrola España es el leonés Fernando Becker, compañero de Mariano Rajoy en los jesuitas de Vegazana y consejero de Economía de la Junta con Juan José Lucas.
La flojera sentimental navideña es un tiempo propicio para los encuentros y favorable a los retornos, incluso cuando no se acogen al señuelo turronero del almendro. Y no hay que mirar muy allá para aprender esta lección. Va a cumplirse el año estas Navidades del polvo florentino de monseñor Lucio Vallejo Balda con Francesca Imacolata Chaouqui, al arrullo toscano del Arno, en su paso bajo el Ponte Vechio, Fue el día de Inocentes de 2014, cuando el cortejo del contable del Papa y de su colaboradora casada culminó en la capital renacentista. Ahora Lucio, una vez pillado y detenido, reconoce que se acostó con la señora y se tortura con la advertencia del Papa, «cuando hablaba de cuánto son sagradas las mujeres casadas y el matrimonio». Francesca no siguió detenida en el Vaticano «porque está embarazada», aunque tiene que comparecer ante el tribunal junto a su amante. Y en este tiempo, además de la confesión del contable astorgano, han trascendido también centenares de mensajes incandescentes intercambiados entre monseñor Lucio y su amante, que aclaran entre otros episodios el escándalo de la fiestuqui que ambos organizaron, con un gasto de dieciocho mil eurazos, la pasada primavera en una terraza vaticana, durante la cual el monseñor apareció retratado repartiendo hostias con un vaso de catering. Aquel montaje disgustó al Papa y su enfado enojó a Paquita, que se puso digna y atribuyó la denuncia a sus enemigos de la carcundia vaticana. Lucio, 54 años, es un bigardo con desenvoltura de icono cinematográfico. Paquita, 34 años, es una mujer deslumbrante y tuitera, que cuida su imagen seductora y acumula escándalos sin cautelas.
Sólo dos días antes del polvo florentino, sentó plaza como conseguidor en Bruselas Manuel Lamela, subsecretario de Agricultura con Cañete en el gobierno de Aznar que tuvo que lidiar las vacas locas y el chapapote originado por el hundimiento del Prestige. Su jefe llevaba aquel día de San Esteban 55 jornadas como Comisario de Energía de la Comisión Europea. El intrépido Lamela sólo lleva un asunto en su cartera: conseguir autorización para la empresa australiana Berkeley de la apertura de una mina de uranio en Retortillo (Salamanca). Es la única encomienda del chiringo de influencia Acontax. Cinco meses después, Cañete firmó el dictamen positivo, al que dio trámite el 25 de septiembre de 2015 el pinche Nadal como Secretario de Estado de Energía.