Diario de León

El obispillo, preocupado por los pequeños

La tradición, que se recuperó en 1998, hace que se elija a uno, que vestido de obispo recorre las calles a lomos de una mula invitanto a la gente a ser como niños.

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efe | burgos

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El obispillo, un niño que cada 28 de diciembre es investido obispo y recibe sus mismos honores en Burgos, mostró ayer su preocupación por las personas que «peor lo están pasando», sobre todo por los menores burgaleses que no pueden disfrutar de la Navidad porque «sus padres no tienen trabajo».

El recién elegido arzobispo de Burgos, Fidel Herráez, recibió ayer por primera vez al obispillo, Diego González, un niño de 9 años de la Escolanía de los Pueri Cantores de la Catedral, elegido por sus compañeros para celebrar esta tradición que se remonta al siglo XV y que ensalza la inocencia de los más pequeños.

La jornada ha comenzado en el Monasterio de las Madres Salesas, donde Diego González ha sido ataviado con el traje y los complementos que identifican a un obispo y así vestido ha sido recibido por el arzobispo de Burgos, Fidel Herráez, quien vivió por primera vez esta tradición.

Diego González contó a los periodistas que su hermano mayor ya fue obispillo en 2011.

El pequeño Diego ha explicado que fue precisamente ver lo bien que se lo pasaba su hermano, cantando y viajando con la Escolanía, lo que le animó a apuntarse a este coro infantil.

Ambos han tenido el honor de ser elegidos por sus compañeros «obispillo» y Diego ha señalado que su hermano le ha aconsejado leer despacio los discursos e ir lento con el caballo para no hacer correr a la gente.

El director de la Escolanía de los Pueri Cantores de la catedral de Burgos, Amador Pérez, ha recordado que el Cabildo catedralicio recuperó en 1998 esta tradición cuya esencia está en el evangelio de San Mateo. Pérez ha referido que desde el siglo XV los niños de la Escolanía tenían la tradición de «gastar una broma sana, amable», eligiendo a uno de ellos para vestirle como obispo y acompañarle en un recorrido por las calles de la capital burgalesa a lomos de una mula blanca, invitando a los burgaleses a «hacerse un poco niños para ganarse el cielo» y repartiendo bendiciones ante el regocijo de la gente».

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