VERLAS VENIR
Inquietud en el gatuperio
L a caricatura del esperpento catalán, que tradujo un sueño en vulgar chafardileo, va a desembocar el lunes en una nueva convocatoria de elecciones autonómicas, mientras Baños y Mas se despiden escupiendo descalificaciones. Y a ver si a la quinta sale el sol, después de tantos meses de cabriolas y descaro. Porque el último tramo de esta broma arrancó en septiembre, que no es ayer. Entre sus partícipes, un presidente a punto de imputación, varios diputados alternativos y una patética camarilla que invoca su representación de la sociedad civil sin haberse enterado del saqueo de fondos públicos desde los tiempos del güelo Pujol. Aunque sí aprovecharon la ocasión para situar a la dicharachera Forcadell en la presidencia del parlamento. Ahora, como la broma se apaga sin haber logrado otros frutos, adoptan la estrategia de la cachiporra, repartiéndose estopa sin decoro. El aspirante Mas descalifica a los asamblearios, después de ofertas sin límite, y el periodista Baños afea a sus compinches no haber sabido violentar los principios en el momento decisivo, votando como conductor del proceso a un traficante de amaños.
Pero esto que pasa en la otra esquina no resulta ajeno al enjambre de incertidumbre que tenemos encima y que tampoco muestra ninguna prisa por despejar. En una semana se constituyen las Cortes, en las que volverá a estar el traficante Gómez de la Serna, elegido en las listas populares de Segovia. O sea, bien cerca.
El mosaico político del nuevo parlamento complica enormemente cualquier atisbo de solución inmediata. Pero como lo que urge es ir recaudando para el bolso y para la hucha de los partidos, la presidencia y mesa de las Cortes ya pondrán caras la próxima semana, sin esperar a otros arreglos, que es posible que ni siquiera lleguen a cuajar, porque de momento también en este escenario pesan más los vetos y repudios que la voluntad de acuerdo. Y ya no hablamos de la distancia sideral entre asamblearios y aprovechados que sacan tajada de la obra pública, como ocurría en Cataluña. Aquí los vetos resultan menos comprensibles, si uno es capaz de levantar un rato la mirada de la charca. Como en Cataluña, también tenemos un presidente en funciones que suscita abundantes rechazos, tanto por su indolente gestión de la corrupción como por un estilo de gobernar distante de la gente y del pulso de la calle.
Lo primero lo ha reconocido él mismo durante los últimos meses profusos de confidencias, cuya exposición supone una enmienda absoluta a su propia gobernación, taciturna y alejada de los focos. Al final es muy probable que también las elecciones generales requieran la repetición de una costosa segunda vuelta.
Y entonces, a buen seguro, ya no serán los mismos contendientes, por mucho que ahora porfíen unos y otros para fijar la fecha y el menú de los preceptivos congresos partidarios. Si Rajoy lo tiene complicado, no tiene un horizonte más despejado el socialista Sánchez, prisionero ahora de su pataleta de desahogo en el debate cara a cara con Rajoy.
Con este apagón en el escenario político, los leoneses además tenemos que digerir la coincidencia de los funerales de nuestras cuencas mineras con un incremento de la quema de carbón importado en las térmicas de un 23%, hasta superar el 20% de la producción energética nacional. Mientras la jarca ministerial sigue sin dar palo al agua en defensa del carbón autóctono.