Diario de León
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ernesto escapa
León

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L a indolencia de ir dejando que rueden los días sin mover un párpado está resultando estos días demoledora para el tancredismo de Rajoy. Porque desde que empezó el pasimisí de los partidos por Zarzuela, se han ido sucediendo el pillaje parlamentario de Gómez de la Serna, la explosión de Acuamed y el turbión valenciano. Si las comisiones del diputado eran cosa suya y de su compinche en la embajada, los negocios del agua en la España seca se llevaron por delante al pelucas Mateo, luego al subsecretario de la vice e incluso apuntan al comisario europeo Cañete. El pelucas Arcadio Mateo llegó a la dirección general de Acuamed después de haber cotizado a Cospedal para su elección como presidenta de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha. Facturaba encuestas benévolas antes de gestionarse un injerto de pelambre pagado por las constructoras en su propio cartonaje. Entre ronda y ronda, estalló un nuevo episodio de corrupción valenciana, donde los populares coleccionan podredumbre desde el lejano caso Naseiro, archivado por el Supremo a causa de los defectos de instrucción. Hace treinta años, Vicente Sanz, predecesor en la presidencia de la Diputación de este Rus cazado ahora contando los billetes de una mordida, le decía a su presidente autonómico Eduardo Zaplana: «Estoy en política para forrarme». Como quien cuenta avellanas. Alta política.

Pero si en algo no cabe el tancredismno ni la galbana es en relación con los brotes de corrupción, que requieren distancia sanitaria. Porque derivan en epidemia. Y precisamente estos días que empieza la ronda decisiva de consultas en Zarzuela, le está tocando a Rajoy lidiar con las imputaciones valencianas. Sin inmutarse, la verdad sea dicha, y relegando cualquier reproche al momento procesal en que los señalados vayan siendo enchironados o imputados. Aunque este engrudo no debiera atascar el negocio de los acuerdos de gobierno, lo que tampoco cabe es el carpetazo flamenco, y menos aún aplicar el ventilador al estercolero.

Estos días ociosos, con las Cortes constituidas y generando gasto, tampoco pueden prolongar la exhibición. Cuadrillas de lamento que un día se quejan por la formación de grupos y otro por el reparto de los escaños. Hemos visto afligido a Errejón con el dibujo del gallinero, después de haber comparecido ufano la pasada semana como integrante del gobierno en la sombra. Es lo que tienen las levitaciones a diario. Que de tanto embeleso con la luna, se acaba uno tragando el dedo. Pasó con la formación de la mesa del parlamento, cuyo reparto no evitó su copo por gente de desecho, como la socialista Micaela Navarro o las populares Celia Villalobos y Alicia Sánchez Camacho. Gente de escaso fuste para ordenar la vida parlamentaria de una legislatura cargada de tensiones. Así que para que no se hicieran esperar sus melonadas, dieron las primeras señales en la distribución de escaños a los grupos, alojando a los diputados de Podemos en el gallinero, lejos de la primera fila. Tantos años como becarios a distancia tienen estas cosas. Que se pierde el guión de las tareas. Y luego cuesta hacer pie.

Otra vez de ronda palaciega hasta el lunes de Santa Inocencia. Luego vendrán las Águedas y el carnaval, cada celebración con su turno, aunque ya entonces estaremos de investidura. Y quien no se atreva a intentarlo, que lo deje. La gente ya cumplió el encargo por Santo Domingo de Silos. El 20 de diciembre.

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