el sonido de los cencerros
La trashumancia, una forma de vida y una tradición
Ávila reivindica la llegada de la vacada que después de 15 días de camino desde Mérida alcanza los agostaderos de la Sierra de Gredos.

Cientos de reses retornan desde Extremadura a través de la calzada romana del Puerto del Pico. SANCHIDRIÁN
ANTONIO GARCÍA | ÁVILA
El sonido de los cencerros alertó a las más de mil personas que esperaban en el descansadero del Puerto El Pico, en Ávila, de la llegada de la vacada trashumante que, después de 15 días de camino desde Mérida (Badajoz), alcanzaba los agostaderos de la Sierra de Gredos.
Mientras la dulzaina y el tamboril sonaba en el espectacular mirador desde el que se divisa el imponente Barranco de las Cinco Villas, los cinco pastores conducían una vacada de 320 reses de avileño por este paraje abulense, un día antes de retornar nuevamente a Navarredonda de Gredos (Ávila).
Desde allí salieron a finales del pasado años hacia las fincas de Extremadura con su ganado, como otros 450 ganaderos que practican la trashumancia en Ávila -la mayoría en camión-, huyendo de los gélidos inviernos de Gredos.
Según explicó ayer uno de los propietarios de la vacada, Diego Torres, permanecer en la vertiente norte del macizo montañoso abulense resulta «inviable», ya que las nieves invernales impiden pastar al ganado, a diferencia de lo que ocurre en tierras extremeñas.
De Mérida partió el pasado 10 de junio esta vacada que hoy por la tarde llegará a su destino, tras dos semanas de duro camino a pie por tierras abulenses y extremeñas, realizando una medida de unos 25 kilómetros al día.
«Es duro, pero es más bonito que duro. Entonces compensa», ha asegurado este ganadero de 35 años cuyo rebaño ha protagonizado ayer la XIV Jornada de Trashumancia.
Se trata de una iniciativa organizada por la Plataforma Trashumancia Viva, la Asociación de Criadores de Ganado Vacuno Selecto de Raza Avileña-Negra Ibérica y del Consejo Regulador de la Indicación Geográfica Protegida Carne de Ávila.