Demoras asfálticas
E l nuevo ministro de Fomento, que arranca en su empleo con el lastre de la anulación unánime por el Tribunal Supremo del Plan General de Ordenación Urbana de Santander, la ciudad en la que fue alcalde durante una década, se acercó a Valladolid a entrevistarse con Herrera y repasar el mapa de incumplimientos ferroviarios y asfálticos de su gatuperio ministerial. Acudió arropado con altos cargos de su renovado equipo de mando, a la vez que Herrera tenía al leonés Suárez Quiñones como aliado en el repaso. Los incumplimientos asfálticos de los gobiernos de Rajoy llueven sobre el aparatoso extravío socialista con las carreteras radiales de León, acuñado durante los ocho años de nuestro paisano Zapatero, quien echó el resto con un aeropuerto sin demanda y dejó sin hacer la autovía León-Valladolid, manteniendo de pago la autopista entre La Virgen y Astorga. Aunque no todo el desbarajuste debe atribuirse a la incapacidad de nuestro paisano para poner los euros en proyectos viables, en vez de andar tocando el violón con futuribles extravagantes.
Simplemente echando un ojo a la trayectoria de sus ministros del rodaje –Magdalena Álvarez y Pepiño Blanco-, ya se despejan unos cuantos atropellos. Más otros cuantos, que quedaron sin perpetrar por falta de tiempo y presupuesto. Fue aquella una época de anuncios estrambóticos, que un día enfilaban una autovía por mi pueblo, entre La Robla y La Magdalena, y otro la anunciaban para subir a Riaño, entre Mansilla y Cistierna. Y mientras, quedaba sin proyectar siquiera la travesía de alta velocidad entre León y La Robla, quizá convencidos todos de que los túneles de Pajares nunca han de servir para que los trenes traspasen la cordillera. De tales desvaríos, cuelga todavía el empeño utópico de enlazar León con Braganza mediante autovía, a través del Páramo, Castrocontrigo y Rihonor de Castilla. Este pueblo fronterizo zamorano vivió como ningún otro los delirios derivados de la revolución portuguesa de los claveles, cuando el guardiña Piñeiro cortó el paso en la primavera de 1974 con una cadena tendida entre dos pivotes de cemento. Allí se mantuvo aquella catenaria durante un quindenio largo, hasta agosto de 1990, simbolizando la Iberia en miniatura del trasmontano Miguel Torga.
La carretera entre Puebla y Rihonor es una trocha cabritera, cuyo arreglo asume para esa expectativa la Junta. El proyecto se cruza en su trazado con la vía del Ave a Galicia, que desdeñó el paso por El Bierzo, optando por taladrar el Padornelo, y ahí andan. Desatando de paso otra algarabía con su proyecto de apeadero comarcal en Otero de Sanabria, donde ahora está el catedralicio santuario de los Remedios. Los partidarios del proyecto León-Braganza evalúan incluso el ahorro kilométrico para la salida de mercancías a Europa, sin contar el gasto preciso para esta nueva quimera viaria.
Porque al enlace de Braganza viene la A-11, cuyo atasco acumula décadas de retraso. Y ese eje sigue el cauce del Duero, articula la Meseta, abrocha nuestra Comunidad con el Ebro y Oporto con Barcelona. No son ganas de aguar ninguna fiesta, pero mucho me temo que después del inminente rescate de las autopistas de peaje madrileñas, poca liquidez va a quedar para nuevos trazados. Así que a ver si se espabilan para que la A-60 cruce el Esla en el próximo lustro, porque al paso que llevamos parece inverosímil. Y el gasto viario de la Junta que se aplique a las carreteras de Luna y los Oteros, como ha sido anunciado repetidas veces. Que las prédicas no arreglan nada, por mucho que se reiteren.