Diario de León
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VERLAS VENIR ERNESTO ESCAPA
León

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M ientras digeríamos la secuencia de olvidos y retrasos del gobierno en infraestructuras, nos alcanzó la noticia más importante del año: Castilla y León hizo cumbre en la evaluación educativa del informe Pisa, con una diferencia de un curso y medio sobre varias comunidades del sur. El consejero leonés Fernando Rey, que subió a su ciudad a presentar los datos, tuvo la cautela de no tratar de apropiarse del éxito, que supo distribuir entre profesores, sindicatos, personal directivo de su consejería y las familias.

A comienzo de este curso, se hizo mucho ruido con los deberes, pero sólo Castilla y León fue capaz de articular en su Consejo Escolar un plan de racionalización, mientras la mayoría convirtió el asunto en arma arrojadiza. Esta apelación al sentido común, que nos ha elevado al nivel de excelencia de Finlandia, tiene un recorrido previo acreditado en el contrapeso a las disparatadas medidas puestas en marcha por el ministro Wert. No jalear aquellas extravagancias, que acabaron por ahorcarse ellas mismas, fue un buen banco de prueba para dedicar los esfuerzos a la formación de los alumnos y no al alboroto mañanero. De ahí, este alborozo.

Aunque el éxito reciente tenga que ver con no andar montando estaribeles gratuitos con los chavales, tampoco puede olvidarse el sustrato profundo que marca las diferencias en el informe Pisa, relacionado con el empeño educativo de nuestros abuelos. El catedrático de sociología Julio Carabaña ha estudiado las diferencias entre países y regiones en las pruebas Pisa, señalando cómo estos resultados tienen que ver con las diferencias de alfabetización detectadas por nuestro paisano Luis Bello (1872-1935), hace ahora 90 años, en su «Viaje por las escuelas de España», que fue el primer diagnóstico de la situación educativa del país.

En sus páginas, Bello califica a León como «la provincia modelo», señalando «su primacía sobre el resto de España». También advierte que «cuida mejor que Madrid, Bilbao y Barcelona estos menesteres». Sus 1439 escuelas son la cifra máxima de España, a la que siguen Oviedo y Burgos. «León es la primera provincia en asistencia escolar. Muy cerca del 93 por ciento de la población escolar está matriculada, mientras en Cádiz no pasa del veintidós. León y Castilla van delante». Luego, en la visita a León de su viaje escolar, apunta Bello que «la aldea conquista el primer puesto de la instrucción primaria en España. La ciudad, en cambio, se descuida». Y sin hacer del apunte un argumento rural contra las ciudades, se limita a observar, «trazando con respeto del modelo, los rasgos de una semblanza».

Así que este alborozo educativo navideño ni es casual ni fruto del empeño de nuestros gobernantes. Simplemente, hay que agradecer a los consejeros Mateos y Rey que no hicieran el coro a los sucesivos botarates que han desfilado por el ministerio. Lo cual no es poco mérito, perteneciendo al mismo partido. En este caso, la incidencia gubernamental no alcanza a ser un estorbo, aunque los recortes económicos mantengan un porcentaje de interinos cercano al 25%. De hecho, nuestra autonomía ocupa la cumbre educativa entre todas las de España, pero no está en el podio de las que más invierten por alumno. Así que más allá del afán por sacar de paseo los cromos de los políticos que gobiernan la educación, hay que rendir homenaje a nuestros abuelos, a quienes debemos lo listos que han salido nuestros chavales. Espabilados como nórdicos fineses.

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