Careas de proximidad
L a comisión parlamentaria de investigación sobre la calamitosa deriva de nuestras Cajas de Ahorro, que las pulió a todas sin remisión a un posible rescate, comienza su andadura en las Cortes citando a los técnicos de las entidades antes de proceder a la comparecencia de los gestores políticos, entre quienes no pueden escurrir el bulto los directores generales nombrados a capricho de los gobernantes. Porque la pesquisa no puede limitarse a la actuación de los consejeros, fueran estos del tronco político, sindical o empresarial. Tampoco debe apartar la vista de sus posibles abusos, ya que la consecuencia de su gestión fue el erial y la devastación, hasta ser apropiados como saldo por entidades vecinas voraces o en el caso más gordo, por una pequeña caja andaluza de gestión avispada.
En el día en que el caporal Blesa de Caja Madrid se despidió de este mundo metiéndose un tiro en el pecho, no es posible olvidar el anuncio del socialista Izquierdo, cuando anticipó que la comisión parlamentaria de las Cajas iba a investigar también si en las nuestras hubo o no manejo de tarjetas negras o pardas y cuál fue el proceder de cada uno. Es curioso que toda la gresca previa a esta comisión parlamentaria se haya centrado y reducido a la discusión sobre su presidencia, recaída en Manuel Mitadiel, de Ciudadanos, y pretendida también por Pablo Fernández, de Podemos.
Tanto uno como otro parecen idóneos, porque no están concernidos por la balumba catastrófica del ahorro. Sin embargo, se echa en falta un examen de idoneidad a todos los integrantes de la comisión, que descartara cualquier operación ventajista de alguno de ellos con las entidades cuya gestión se va a examinar. Por ejemplo, si alguien se hizo con un chalé o piso también de saldo procedente del parque inmobiliario de las entidades de ahorro y en condiciones privilegiadas. Me atrevo a sugerir a Mitadiel que esa sea la primera interrogación a los comisionados, antes de pasar al examen de técnicos y responsables políticos convocados. Para depurar el órgano vigilante y no incurrir en más descrédito de las comisiones parlamentarias de investigación, que en este caso del ahorro parece imprescindible, por más que la gestión de algunas entidades se encuentre ya en proceso judicial. Porque se apunta que efectivamente hay algún caso entre los examinadores. Y depurar este tipo de contaminación de intereses resulta esencial para que funcione una comisión parlamentaria de proximidad. No vaya a ser que alguno de los careas ande tentado de distraer la mirada en vez de indagar.
Porque la ruina de las cajas salpica muchos aspectos de nuestra vida diaria. Desde el desamparo rural, privado de asistencia bancaria y de actividades culturales y sociales en más de 1730 municipios, a la greña que se traen las fundaciones originaria y derivada en Botines. La derivada España Duero, que preside el ex rector Hermida, quiere desalojar a Monteleón, mientras instala en precario un piano bar para entretener la noche y disimular su tiesura. Aparte de inmuebles, que tampoco saben gestionar, la fundación España Duero, que preside el ex rector Hermida, heredó las colecciones artísticas de sus cajas y entre ellas el legado del crítico soriano Juan Antonio Gaya Nuño, que antes de la ruina paseó en diversas exposiciones. Con obras tentadoras de los mejores artistas españoles contemporáneos, desde Picasso a Benjamín Palencia. Un patrimonio artístico y mueble (es decir, movible), sobre cuya custodia, manejo y paradero cunde el pánico, porque falta la garantía de unos inventarios fiables y contrastados.