La friega de la trucha
E l gancho de la capitalidad gastronómica nos va dejando de momento un encuentro de las diputaciones sobre despoblación y la semana de la trucha estirada durante todo un mes, desde san Isidro hasta santa Micaela. Por si las primeras no repueblan, como es de prever y temer, y escogen conformarse con el enjuague montorino para las pedanías, tocaría al menos rescatar de la almoneda franquista una de las joyas bibliográficas que respaldan nuestro orgullo piscatorio truchero. Y con prisa, antes de que la traduzcan a euros.
La responsabilidad primera en ese rescate corresponde a la diputación, que fue el organismo que el 11 de julio de 1964, coincidiendo con los ceremoniales de los 25 Años de Paz, regaló al dictador Francisco Franco el Manuscrito de Astorga, un clásico de nuestro siglo de oro que ilustra sobre el arte de aderezar y adobar plumas para la pesca de la trucha. Precisamente cuando se cumplía el centenario de su benemérito poseedor, el maestro cantero y escultor Julio del Campo (1864-1937), aprovechando la necesidad de su heredera Victorina González del Campo, de cuya biblioteca familiar lo expurgaron para el agasajo los jerarcas provinciales.
Después del expolio perpetrado por pirañas codiciosas en su domicilio de Ordoño II 25, donde quedó a su muerte tanto la biblioteca como su colección artística de antigüedades, el municipio de León aplicó en 2009 al edificio escolar donado por el filántropo a la ciudad una friega química que dejó la fachada pétrea llena de manchas y roeduras. El mismo pringue que devastó el pórtico catedralicio. Para no traicionar el recuento de incidencias, otra vez más abrimos el año con el gran incendio forestal de la temporada. Si el pasado 2017 lo inauguramos en Valdueza para rematarlo en la Cabrera, el periódico del lunes nos advertía que el incendio intencionado del 12 de mayo, que arrasó 638 hectáreas de montes comunales del Curueño, donde crían los gallos, sólo supone un tercio de la chamusquina provincial de 2018, en que 83 incendios ya han asolado casi dos mil hectáreas. Pero esta sangría tampoco preocupa, porque sucede en el ámbito rural, que es un espacio en despoblación y despojado de vigilancia, preparado para la combustión.
Desde luego, no lo van a impedir las ineficientes cautelas judiciales ni las inexistentes pesquisas de orden público, hace tiempo desalojadas unas y otras de nuestros pueblos. Y la consejería de Medio Ambiente, administración encargada de tutelar ese medio natural, acumula en su delegación leonesa a los funcionarios más indolentes y despreocupados de su desempeño, como han ido aprendiendo con padecimiento ganaderos y alcaldes pedáneos. Aunque ahí sigan tan orondos Guillermo García y sus gabrieles, brindando trienios a la concurrencia. Van a terminar desertizando el territorio. Porque los fuegos intencionados no son casualidad, sino desmán que se perpetra en lugares de abandono, sin gente ni expectativa.
Por si éramos pocos, la lió parda este miércoles de san Desiderio. Por una parte, Herrera tilda de decepcionante desde Bruselas la propuesta de financiación autonómica, construida con los restos de la mordida vasca, y por otra, esa cámara inútil e insostenible que es el Senado echa abajo una propuesta socialista contra la despoblación, porque ya Rajoy anunció un programa de fibra óptica para los lobos. Edelmira no remata su estrategia, después de año y medio, y la cámara donde nuestros paisanos son mayoría, echa abajo el debate de la despoblación. Eso se llama coherencia, señorías.