Diario de León
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El invento del maligno josé javier esparza

Para entender la nueva guerra del fútbol televisado hay que recurrir al cuento infantil. Tenemos un rico huerto, un Preboste que lo rige y un amigo astuto -”Fulano-” que en su día obtuvo la explotación del huerto. Pero Preboste muere, llega al poder Prebostito y al flamante príncipe le sale otro amigo astuto: Mengano. Y Mengano quiere también explotar el huerto. «¿Y Fulano no se enfadará?», dijo Prebostito. Y Mengano atajó: «Deja que yo me ocupe de eso». Y vaya si se ocupó. Mengano entró en el huerto que explotaba Fulano y se puso a repartir hortalizas, con gran enfado de éste. Así que ya había tres repartiendo hortalizas: las de Fulano, las de Mengano y las del Prebostito, que también repartía las suyas.

Hubo un momento en que los lugareños tenían en casa más hortalizas de las que podían consumir. Pero llegó un día en el que todos los implicados en el negocio -”Mengano, Fulano y Prebostito, y también los hortelanos-” se pusieron a hacer cuentas y descubrieron que ya no tenían dinero para pagar tanta hortaliza. ¿Qué hacer? Al final, Fulano y Mengano se pusieron de acuerdo sobre el huerto, pero la guerra no había hecho más que empezar. Mengano pidió a Fulano un dinero por las hortalizas. Fulano no se lo dio porque no se fiaba de Mengano. Mientras tanto, un juez dijo que Mengano tenía que pagar a Fulano por las hortalizas que le quitó la primera vez. Y Mengano, escocido, ha dicho ahora que no, que es insolvente, y se ha declarado en quiebra (que hoy lo llaman «concurso de acreedores»). «Paga tus deudas», grita Fulano a Mengano. «Paga tú las tuyas», grita Mengano a Fulano.

Y así se ha llegado a una situación en la que el lugareño ya ha dejado de saber si tendrá hortalizas el año que viene, ni quién se las servirá. Fulano dice que los que le paguen a él, tendrán hortalizas. Mengano dice lo mismo. Prebostito, por su lado, también se ha quedado sin dinero y ya no tiene la cabeza para más huertos. Pero los lugareños se miran unos a otros y se preguntan si de verdad vale la pena tanta hortaliza.

Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado (por ahora).

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