Crítica | marcelino cuevas
El color del silencio
El pintor asturiano José Juárez Pérez expone en la Casa de las Carnicerías

José Juárez Pérez posa junto a una de sus obras.
En el transcurso de los últimos años la acuarela ha cambiado sustancialmente. Sigue habiendo artistas clásicos en esta rama de la pintura, que basan sus obras en el etéreo proceso de los colores al agua, donde la improvisación se impone, pero donde, por el contario, el error se paga con la ruina de la obra. En los últimos años han surgido importantes artífices que, sin olvidar los fundamentos de la acuarela, les añaden nuevas posibilidades, nuevos caminos por los que transitar fuera de los cánones clásicos.
Estos días tenemos la oportunidad de contemplar y de admirar la obra de un acuarelista asturiano afincado en León desde hace muchos años, que curiosamente es más famoso en Francia, Alemania o Inglaterra que en España y, por supuesto, que en León, donde por una u otra causa nunca había expuesto sus trabajos. Se llama José Juárez Pérez.
Sin ruido alguno ha presentado sus pinturas día tras día en el pequeño escaparate de una tienda que ocupa la esquina de la calle de Cervantes con la plazuela de Torres de Omaña. Allí hemos podido contemplar los más curiosos su interminable iconografía de la capital leonesa, sobre todo de la Catedral que ha retratado desde todos los ángulos.
Allí han estado las muestras de sus viajes por Italia-¦ pero, sobre todo, hemos podido conocer su dedicación entusiasta a los pequeños detalles, a las gárgolas góticas, a las cerraduras barrocas, a los llamadores de todos los estilos que aún se conservan en la ciudad como recuerdo a una época en la que la electricidad no se empleaba para llamar a los distintos portales, y, también, a su peculiar visión de la naturaleza. Ahora, ya con su nombre por delante, José Juárez, presenta en la Casa de las Carnicerías una extraordinaria colección de acuarelas en las que ha intentado mostrar las bases de su acción pictórica.
«La mayoría de las obras que pueden verse en la muestra son apuntes, son esos pequeños papales en los que la inspiración deja su impronta directamente, sin prejuicios. Son pequeñas obras de veinte por veinte que he procurado presentar por temas y en grandes mosaicos. Hay una parte dedicada al desnudo, tanto masculino como femenino, una temática en la que estuve inmerso mucho tiempo. Pero también hay muchas obras destinadas a la representación de los elementos florales y los frutos de los distintos momentos, de las diferentes estaciones. Y, por fin, hay un tercer argumento que es la arquitectura, que es otra de mis debilidades».
Más de un centenar de obras de bellísima factura sorprenden la mirada del espectador. Son acuarelas de enorme calidad en las que destaca la creatividad del pintor a la hora de manejar los colores y las iluminaciones.
El resultado es una impresionante serie de cuadros llenos de frescura, de espontaneidad, pero también de un trabajo reflexivo e incansable.
Dice el pintor que «pintar a la acuarela es auto descubrirse. No pinto lo que veo-¦ se pinta lo que uno es. Pinto con la intención que nace del sentido de lo intangible, de lo sencillo, con los colores que dejaron su impronta en la memoria».
Si usted es amante de la naturaleza, si le gustan las cosas bellas, si tiene la sensibilidad necesaria para experimentar la emoción de los colores, si se entusiasma con el arte con mayúsculas, tiene una cita ineludible con El color de la memoria, de José Juárez, un asturiano que pinta en leonés.
Lugar: Casa de las Carnicerías.
Horario: laborables, de 19.00 a 21.00; festivos, de 12.00 a 14.00.