Diario de León

El sueño del Nobel que no soñó con el premio

Vargas Llosa presenta en Madrid su nueva novela, una ficción sobre la maldad ambientada en el Congo

El escritor peruano Mario Vargas Llosa, ayer en Casa América.

El escritor peruano Mario Vargas Llosa, ayer en Casa América.

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miguel lorenci | madrid
León

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«La muerte me encontrará con la pluma en la mano». Es una de las pocas certezas de Mario Vargas Llosa (Arequipa, 1936), el último premio Nobel de Literatura que, apenas un mes después de ser consagrado por la academia sueca, salta de nuevo al arena editorial. Lo hace para ofrecer al lector su última ficción, El sueño del celta (Alfaguara), casi quinientas páginas en las que novela sobre la maldad a través de la peripecia vital de Roger Casemet (1864-1916), un «héroe imperfecto y olvidado». Un ser excepcional que fue un valeroso pionero. El primero el denunciar la barbarie, los excesos y los abusos del colonialismo y el imperialismo tanto en el Congo como en la amazonia peruana. Medio millón de copias de esta novela de Vargas Llosa salieron ayer en busca de lectores en el mundo hispano. Al tiempo que esta aventura que indaga en la raíz de la maldad se colocaba en los mostradores de novedades de una veintena de países, la versión pirata era accesible en internet. Sus derechos se han vendido para otra veintena de idiomas. Cabe comparar a Vargas Llosa con el Bruce Springsteen o el Messi de las letras. La expectación que genera su presencia es pareja al del boss o la del crack del fútbol. Dos centenares de informadores y un centenar de cámaras lo asaetearon sin piedad con flashes y antorchas en la Casa de América de Madrid. Recibieron con una cerrada ovación al escritor peruano-español que se había comprometido a presentar su nueva novela aquí antes de que la academia sueca lo consagrara con su premio e hiciera «saltar por los aires» su apreciada rutina de escritor. Vigilia El Nobel jamás quitó el sueño al autor de El sueño del celta , que, eso sí, no duerme más de tres horas desde que se incorporó a su nómina. «Nunca aspiré a ganarlo. Mi única aspiración era y es escribir buenos libros y buenas novelas» explicó Vargas Llosa. «Mi sueño es que algunos de mis libros se lean como yo leí aquellos libros que cambiaron mi vida» afirmó el escritor en su primera comparecencia pública tras recibir un Nobel que fue «una sorpresa total». Admite, sí, que el premio le ha cambiado la vida y que lo ha sumido en un torbellino del que espera salir pronto para recuperar su rutina: «las cenas con los amigos, mis horas de lectura y escritura y algún momento para escuchar a Mahler». «No me quejo, pero el Nobel ha revolucionado mi vida. Ha dado paso a un desequilibrio y a un acoso periodístico que no conoce límites» explica un Vargas Llosa que veinte minutos de recibir en Nueva York la llamada de la academias « vi mi casa invadida, y aún no se cómo». «Invadido y acosado, mis horarios han saltado por los aires y apenas duermo dos o tres horas seguidas, si lo logro» dice tan amable como risueño. «Me consuela saber que será transitorio y que no me paralizará. Nunca he sentido el pánico a la página en blanco ni la parálisis. Mi problema es la falta de tiempo para todos mis proyectos. Seguiré hablando como un loro y escribiendo cada día. La muerte me encontrará con la pluma en la mano». La ausencia de sueño no le impide explicar de modo preciso y seductor la «aventura personal» que ha supuesto esta novela sobre el irlandés errante que fue Roger Casement, «un héroe imperfecto, olvidado y oscuro del que se habla en voz baja». «Fue uno de los primeros europeos en comprender claramente el poder destructor del colonialismo. Vio como la Europa civilizada de la que procedía se convirtió en un mundo sin ley en que imperó la maldad, la codicia y una monstruosa crueldad organizó la vida», denuncia. «Es una injusticia que la Europa libre y democrática que haya olvidado al alguien a quien debía admirar», lamentó.

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