Diario de León
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El invento del maligno josé javier esparza

Decía Nietzsche, con perdón, que el odio es un sentimiento plebeyo. Esa es la calificación ética más apropiada para el bochornoso vídeo que Buenafuente, en La Sexta, expelía la otra noche contra Benedicto XVI, la Iglesia y los católicos en general

Se coja por donde se coja, ese vídeo es una incitación al odio. Sorprende que el cómico, tan sutil para otras cosas, sólo sepa recurrir al salivazo cuando se trata de criticar a la religión (matizo: cuando critica a los católicos, porque con otros no se mete). En todo caso, ahora el problema no lo tiene la Iglesia, sino Buenafuente, La Sexta y la autoridad competente, o sea, el Ministerio de Industria, porque eso que ha hecho este caballero entra de lleno en varios delitos bien definidos. El artículo 502.2 del Código Penal condena a quienes «difundieren informaciones injuriosas sobre grupos o asociaciones en relación a su ideología, religión o creencias, la pertenencia de sus miembros a una etnia o raza, su origen nacional, su sexo, orientación sexual, enfermedad o minusvalía».

El mismo Código, artículo 525, castiga a «los que, para ofender los sentimientos de los miembros de una confesión religiosa, hagan públicamente, de palabra, por escrito o mediante cualquier tipo de documento, escarnio de sus dogmas, creencias, ritos o ceremonias, o vejen, también públicamente, a quienes los profesan o practican». Cualquiera de los dos preceptos podría llevar a Buenafuente al banquillo. El Ministerio de Industria ha prodigado en el último curso sanciones por conceptos mucho más etéreos, algunos propiamente ideológicos. Hay que suponer que ahora, con arreglo a la misma lógica, pero con razones de más peso, porque hay un texto legal que lo justifica, Industria multará a Buenafuente. Hay que suponer también que en el ánimo de la autoridad arbitral no pesará el hecho de que La Sexta sea una cadena concedida digitalmente a un grupo afín al Gobierno. De lo contrario, habría que concluir que el Ministerio de Industria se salta la ley para proteger a sus amigos. Y eso es una cosa muy fea que se llama prevaricación.

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