España directo
El invento del maligno javier esparzA
E spaña directo se ha estado cubriendo de gloria con la catástrofe de Lorca. Muchos espectadores han acudido al -˜magacín informativo-™ de TVE para seguir las luctuosas consecuencias del terremoto. Inmediatamente, el mundillo de la tele ha alabado el buen hacer de los reporteros del programa. Y con la misma inmediatez se plantea una objeción de principio: ¿Hasta qué punto podemos hablar alegremente de «éxitos televisivos» cuando lo que tenemos sobre la mesa es nueve muertos (en realidad 11, porque había dos mujeres embarazadas entre las víctimas) y varios cientos de heridos? La respuesta es solo una: no, no podemos hablar «alegremente» de una cosa y perder de vista la otra. Pero lo que sí podemos, y debemos hacer, es hablar de las dos cosas a la vez. Las catástrofes y las tragedias forman parte del trabajo informativo.
Esta profesión consiste en contar lo que pasa. Y si lo que pasa es muy doloroso, no por eso hay que dejar de contarlo, al revés: es nuestra obligación. Otra cosa es que el periodista, llevado de una ambición muy mal entendida, utilice sin escrúpulos la tragedia para fabricar un espectáculo. Eso se llama «sensacionalismo» y está muy mal visto, y con razón. Pero el sensacionalismo solo es una desviación, mientras que informar al minuto es una obligación.
España directo la cumplió con mérito. Por un movimiento elemental de preocupación, solidaridad y también curiosidad, lo que la mayoría de los españoles quería el miércoles era saber qué había pasado en Lorca, y la obligación de los canales de televisión era contarlo. Cuando uno cuenta con los equipos y los medios de TVE (y con la inercia de tantos años), está claro que todas las miradas van a ponerse en la Pública.
A partir de ahí, el público mira y el crítico evalúa. El público parece estar contento: ese 14,6% de share lo demuestra. Y el crítico solo puede decir una cosa: España directo trabajó bien. Bueno, y algo más: descansen en paz las víctimas de Lorca. De corazón.