Diario de León

Un catálogo que hace justicia

El Club de Prensa de Diario de León acogió la presentación del libro que recupera la figura y el legado del pintor Ambrosio Ortega a través de su exposición en Sabero

Fulgencio Fernández, Julián Alonso, Roberto Fernández y Gonzalo Blanco.

Fulgencio Fernández, Julián Alonso, Roberto Fernández y Gonzalo Blanco.

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e. gancedo | león
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Pocas veces una sola palabra, un nombre propio -incluso familiarmente acortado-, ha contado con tanta resonancia, con tanto poder de evocación, con tanta memoria detrás, de lucha y de resistencia. Esa palabra, ese nombre, es Brosio, también conocido como 'el pintor de los mineros'. Y ayer, en el Club de Prensa de Diario de León, tuvo lugar un acto que supone alzar un peldaño más en esa reciente -desgraciadamente reciente- labor de recuperación y difusión de una obra y de una vida.

Fue el catálogo que contiene la amplia exposición de Brosio que estos días tiene lugar en el Museo de la Minería y la Siderurgia de Sabero, con reproducciones de gran parte de sus obras, y que contiene textos del escritor y editor Gonzalo Blanco, del periodista Fulgencio Fernández y del poeta y crítico Julián Alonso. Fueron precisamente estos tres buenos conocedores de la peripecia vital y artística de Brosio, junto al director del Museo de la Minería, Roberto Fernández, quienes se encargaron de demostrar, ayer en el Club de Prensa, por qué es este «un acto de justicia», como se puso de manifiesto en el acto.

Así, Roberto Fernández habló de la exitosa exposición de Brosio en el museo montañés, que han ido a ver ya más de 5.000 personas, resaltando el «riesgo» que siempre ha corrido este combatiente, «riesgo en la mina, en la cárcel (donde pasó 23 años y medio), y en la vida (justo antes de inaugurar exposición en Nueva York, cuando triunfaba con sus obras en España tras salir de prisión, sufrió una grave encefalopatía tras la cual tuvo que aprender, de nuevo, a escribir y a pintar).

Gonzalo Blanco, por su parte, comenzó con su intervención con palabras de Elliot («la vida nos ha sido dada al sobrehumano precio de vivirla») antes de resumir la casi increíble experiencia vital de Brosio, desde que entró en la mina y combatió en la guerrilla antifranquista hasta el injusto olvido en el que hasta hace poco permanecía postrado, con dificultades incluso para subsistir diariamente. Julián Alonso habló de la «luz de otro mundo» en la que parecen flotar los personajes de Brosio, mencionando además que resulta imposible separar «la obra y la vida» del artista de Barruelo de Santullán. A su vez, Fulgencio Fernández habló de cómo siguió el rastro de este creador, ya que luchadores y activistas veteranos de varios lugares le colocaban siempre en la cúspide de la valentía. Cuando le conoció, Fernández se encontró «con un hombre de una pieza». Y es que, como dijo, «en esta sociedad en la que nada es ya verdad, las vidas realmente auténticas parece que molestan».

Por último, Gonzalo Blanco mostró al público un cuaderno en el que el propio Brosio volcó su asombrosa vida, informando de que se iniciarán pronto los trámites para su publicación.

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