Diario de León
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boquerini
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El invento del maligno

Tras repetidos aplazamientos y cambios de director y cásting, nuestro gran personaje del tebeo de otros tiempos, El Capitán Trueno, parece haber encontrado fecha propicia para saltar a la pantalla y dar la batalla española de las superproducciones. El verano es el gran tiempo del cómic, con los niños como escasos espectadores pendientes de Los pingüinos de Madagascar o Bob Esponja para refrescar sus ojos veraniegos.

Apenas hay producto nacional en las cadenas, que incluso han olvidado la producción de programas infantiles. Cabría recomendar el regreso a los concursos con niños, para retroalimentar el ocio con el largo listado de juego reales: pídola, el escondite inglés, las prendas, la rayuela y tantos otros que llenaron nuestros veranos antes de la aparición de las pantallas electrónicas. Valdría la pena, ante las circunstancias, hacer un especial sobre el juego de El rescate , para ligar el mundo infantil y las preocupaciones de los mayores.

Las dos generaciones se unirán ahora con la recuperación del Capitán Trueno y Goliat que pueden ser un remedo del exitazo francés de Asterix y Obelix. No le falta a España mitología para vender héroes para la infancia y personajes de gran pantalla. Estamos justo a los cincuenta años de la superproducción de Samuel Bronston, El Cid , que nos trajo a Chartlon Heston y Sopia Loren para hacer de un clásico español un superventas internacional. De aquella aventura quedó también la formación de un equipo de técnicos y productores que marcaron el futuro del cine español. Gran expectación para saber si encontramos con este Capitán Trueno una vía para conjugar taquilla y cine de autor en nuestra necesaria y enflaquecida industria cinematográfica. Así encontraría hueco entre los Batman, Superman y otros héroes del cómic mundial. Ya fue un gran éxito el Mortadelo y Filemón de Javier Fesser y la secuela de Miguel Bardem. Nada como apostar a publico infantil, con resonancias reconocibles para los padres que les lleva a las salas.

Suerte, Capitán, y que el trueno no sea el de una mera tormenta de verano.

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