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León

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El invento del maligno josé javier esparza

Hay una cierta polémica —menor, todo sea dicho— en el mundillo periodístico porque los obispos brasileños han criticado pública y formalmente el talante de los reality-shows. En Brasil hay dos grandes programas de este tipo: Gran hermano y La Granja ( A Fazenda), que es como Gran hermano, pero con famosetes. Lo que han dicho los obispos es que estos programas son un «mal social» por su lenguaje obsceno, los excesos de las conductas sexuales y la falta de una finalidad positiva. Todo eso -señalan- «atenta contra la dignidad humana de los participantes, que andan fascinados por un premio en dinero o por una celebridad fugaz», y también contra la dignidad del público, «la familia brasileña». Pero no solo hay caña para los programas, sino que además los prelados del Brasil critican a los anunciantes que patrocinan estos programas, porque «asocian sus marcas a ese proceso de degradación de los valores de la sociedad».

A las cadenas que los emiten, se les propone «una reflexión más profunda sobre su papel y sus límites en la vida social», porque «la libertad de expresión no implica agredir impunemente los valores morales que sustentan a la sociedad». Por último, a los padres y a los profesores se les exhorta a «estar atentos a la formación moral de los hijos y alumnos» y buscar a través del diálogo «formas de darles el sentido crítico indispensable para que puedan protegerse contra estos mensajes abusivos e inmorales». Fuerte, ¿eh?

Si esto lo hicieran los obispos españoles, poco tardaríamos en ver a Vasile, Vázquez y compañía saliendo a quemar iglesias. Pero no veo por qué motivo habría que reprochar a los obispos, aunque sean brasileños, que digan lo mismo que podrían decir los fontaneros, los ingenieros de caminos, los maestros fresadores y los empleados de correos. Aquí la cuestión no es quién habla, sino qué dice y si es verdad, y en este caso nadie puede dudar de que ciertos reality-show se han convertido en un mal social, lo mismo en Brasil que en España. Si en Brasil han tenido el valor de decirlo públicamente, sólo cabe aplaudir.

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