El invento del maligno
La hez
Esto es la hez de la sociedad, y alguna responsabilidad habrá que pedir, creo yo, a quienes elevan a la hez a la categoría de celebridades públicas. Resulta que en Acorralados , el penúltimo reality de Telecinco, hay una concursante que está allí porque es actriz porno. Se hace llamar Sonia Baby y su principal hazaña estriba en introducir varios metras de cadenas y otros objetos en su vagina, que no digo yo que sea cosa de poco mérito, pero que, en fin, tampoco es ese tipo de hazañas que suscita la admiración de las naciones. La cosa es que la tal Sonia ha visto que Acorralados es su oportunidad para entrar en el firmamento de los famosos, ha inventado un cuento truculento sobre sí misma, la cadena ha visto que aquí había negocio y una y otra, actriz y cadena, han puesto manos a la obras: construir otro de esos grotescos relatos con los que Telecinco aliena a las clases populares.
Si no me he equivocado al contar —cosa por otro lado perfectamente posible—, ahora mismo tenemos en el candelero a Sonia, a una prima suya (siempre hay un primo), la madre, algún hermano y otra prima. Toda esa tribu ha empezado a acudir a los programas de Telecinco para entablar ferviente debate sobre si pegar a la mujer de uno cuando se está borracho es o no maltrato, sobre si los hermanos de la protagonista abusaban sexualmente de ella o no, sobre si es verdad o mentira que la muchacha pasó hambre de niña y fue analfabeta hasta edad avanzada Una historia de lo más edificante, en fin. Y la reflexión siempre es la misma: en realidad importa poco si lo que dice esa mujer es verdad o mentira; aquí lo único sustantivo es que haya un empresario de comunicación dispuesto a hacer negocio con semejante acumulación de mierda (y no añado «con perdón» porque, en este caso, la palabra exacta para definir el fenómeno es precisamente esa).
En este oficio de la comunicación todos tenemos algún pecado del que arrepentirnos, pero lo de Telecinco ha llegado demasiado lejos. Nunca nadie había bajado tanto el nivel. Esa cadena se ha convertido en un auténtico mal social.