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Un baile muy amargo

El bailarín y coreógrafo granadino Rafael Amargo desembarca hoy en el Auditorio Ciudad de León con un espectáculo minimalista en el que intentará llenar el escenario únicamente con su talento.
Sólo y Amargo. Así comparece esta noche frente al público leonés el bailarín y coreógrafo Rafael Amargo para presentar un espectáculo muy intimista.
El artista granadino ofrecerá un montaje que fusiona flamenco con baile contemporáneo, en una suerte de recorrido iniciático y biográfico, un itinerario por sus amores y desamores, éxitos y fracasos, inquietudes, miedos y glorias.
Sin duda, como ha reconocido el propio bailarín, el público tendrá «una sobredosis de Amargo, sin trampa ni cartón».
Por primera vez desde que comenzó su carrera, el artista se muestra solo en el escenario. De la música se encarga el maestro Juan Parrilla con la flauta, acompañado de Maite Maya y Pedro Obregón (cantaores), Batio (cuerdas), Antoñito Maya (percusión), Mario Montoya (guitarra), Juan Pedro Cornejo (piano) y Jesús Pérez de la Cruz ‘Cuco’ (acordeón). El vestuario se ha hecho en colaboración con Josep Abril y la dirección musical corre a cargo de Juan Parrilla y la puesta en escena es obra de Montse Tixé
Promete dejarse el alma en el espectáculo. Una propuesta escénica que ha calado en el público, que puede deleitarse con buen cante y guitarra, además de un Rafael Amargo más valiente, que encara el baile como el torero delante del toro.
Los espectáculos del artista granadino afincado en Barcelona incluyen alguna que otra sorpresa, como la interpretación de alguna coreografía contemporánea mezclada con el flamenco puro, la aparición de artistas invitados o el atrevimiento del propio Amargo que no duda en interpretar una canción de Jaques Brel en su idioma original. Con Solo y Amargo el bailaor espera ser profeta en su tierra, que está recorriendo de norte a sur, con más de 80 ‘escalas’, que alternará también con una gira por Latinoamérica.
Amargo, que se considera «políticamente incorrecto» y que se atrevió a posar desnudo en la revista Interviú, se entrega sin ropajes a los espectadores, sin cuerpos de baile que lo abriguen, sin escenografía, despojado de adornos y artificios supérfluos. También sobre el escenario Amargo llega a desnudarse literalmente sobre las tablas, cubierto únicamente con un mantón. Maduro, seguro de su talento y de su personalidad flamenca, el bailaor se lanza dispuesto a comerse el escenario en 120 minutos. Hay que tener mucho arte para llenar el escenario con su sola presencia, con su taconeo y su personal manera de entender el flamenco. Un espectáculo en el que el bailaor se enfrenta a sí mismo. Intenso hasta la extenuación, valiente y desgarrado. No quiere hechizar con una actuación fácil, sino enfilando el camino más tortuoso. Flamenco puro, taconeo electrizante y un bagaje que el artista ha ido añadiendo por el camino, con otro tipo de tendencias coreográficas que ha asimilado a lo largo de su carrera, que arrancó como creador en 1997 con el montaje La garra y el ángel. Amargo consigue, en definitiva, la difícil facilidad. La sencillez. Danza, pasión y arte. Una combinación que sólo conduce al éxito si se sabe manejar con maestría.