Diario de León

EL INVENTO DEL MALIGNO

La oca española

Publicado por
javier martín domínguez
León

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Los viejos del lugar tratan de ahuyentar la melancolía con un poco de tele y un juego de cartas. No hay mejor fórmula de jugar al escapismo y quizá por eso tengan tanto tirón los concursos televisivos. Estamos en pleno aniversario del Un, dos, tres de Chicho, el concurso de concursos, aunque no el único que ha triunfado hasta el punto de ser parte de la sociología patria. Saber y ganar sigue en antena, El tiempo es oro marcó toda una época, y otro como El precio justo abrió las puertas de la tele y del país al capitalismo a las claras. La nueva propuesta encabezada por uno de los insustituibles en el género, Ramón García, se titula ¿Conoces España? y parece destinada tanto a vertebrar este país siempre a punto de descoyuntarse, como a tomarse con un poco de relajo el estado de crisis permanente en el que nos hemos instalado. Tmbién lleva tiempo asomándose a las madrugadas el póker en directo.

Aunque nuestro juego nacional —que necesita una retransmisión específica— siga siendo el mus, ejemplo más palmario de este país de señas y trampas. Los concursos son cada vez más relevantes dentro del campo de los nuevos formatos, que necesitan interactividad con la audiencia ahora que la televisión pierde comba frente a Internet, en la que la relación de emisor receptor es mucho más activa y directa. Están nuestros políticos mesetarios y catalanes echando los dados en busca del maná económico de Eurovegas pensando que el dinero florecerá a contrapelo de la crisis del mismo modo que crece en la desértica Nevada. A jugar , como decía la emblemática frase de Joaquín Prats, para distraernos, y para recuperarnos de la maltrecha economía. El juego español que nos ofrece la tele pesca demasiado en lo ya conocido, en la España más común. Debería contar con más preguntas sobre esta España berlanguiana, como los nombres de los más corruptos o dilapidadores o sobre los lugares más castigados por el ladrillo. Sería una buena fórmula para actualizar el juego de la oca: del laberinto al treinta, que los malos caigan en la prisión, y tiro porque me toca.

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