Diario de León

toros. FERIA DE SAN ISIDRO

La espada estropea faenas

Fandiño, durante la faena de muleta a su primer toro.

Fandiño, durante la faena de muleta a su primer toro.

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León

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12ª DE SAN ISIDRO

Plaza: lleno sin apreturas.

Ganadería: Toros de Alcurrucén, bien presentados y de buen juego salvo el complicado sexto. Tercero y cuarto, los mejores, ovacionados.

El Cid: silencio y palmas.

Perera: silencio y gran ovación.

Fandiño: gran ovación y palmas.

Ayer pudo haber levantado vuelo la feria con una corrida que por momentos tuvo aires de apoteosis. Por la movilidad y clase de los toros de Alcurrucén. Porque Fandiño y Perera, en estilos diferentes pero con la ambición como denominador común, se ajustaron en sendas faenas al carácter de acontecimiento que se presagiaba.

Con el Cid pasó algo muy extraño. Inseguro, fuera del toro en los cites, sin terminar de engancharlo. Eso en su primero, que fue pronto y repetidor.

En el buen cuarto cuajó pasajes de mucha calidad por el derecho, toreando muy vertical y con desmayo, hundido de hombros. Pero sin continuidad. Al natural no se acopló, y la faena fue progresivamente a menos, hasta difuminarse en la nada.

Perera se encontró con un primero al que le faltó un tranco en las embestidas y le sobró también un punto de violencia. No obstante, tampoco se confió.

En el quinto, sí. Toro mansito, pero colaborador. Un quite por gaoneras a modo de réplica al de Fandiño, primer órdago de su actuación. Era otro Perera. Ahora, sobrado de arrestos. Desde los escalofriantes pases cambiados por detrás en la apertura, con el viento dejándole a merced del toro, y él sin retroceder.

A Fandiño le embistió el primero de su lote por el valor que el echó desde el primer momento, por el sentido de la colocación y la enorme facilidad que tuvo para hacer el toreo. Un Fandiño que se hizo presente en su turno de quites al toro segundo, por tafalleras y que iba a repetir en el quinto por chicuelinas.

Muleta en mano en ese toro tercero, sin probaturas previas, el toreo a derechas fue algo muy serio, por quietud y ajuste. Protestó el animal por el otro pitón, pero también los naturales tuvieron su aquel. La clave, no retroceder. Muy firme y templado. Las bernadinas finales, de mucha temeridad, pasándose al toro por la faja. Lástima la espada, que no entró hasta el segundo envite.

Tampoco poco ser en el sexto, el garbanzo negro del envío, toro mirón, de viajes cortos y con ganas de echarle mano. Se la jugó Fandiño pero sin llegar a ninguna parte.

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