Diario de León
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El invento del maligno yolanda veiga

Más que una bata de médico, le tendrían que haber puesto un chaleco antibalas o un buzo ignífugo. Porque no sale Vilches de una y se mete en otra. En el último episodio de Hospital Central a nuestro House patrio le drogan en un congreso médico. A Vilches le han intentado matar, le han metido en la cárcel, le han secuestrado... y ahora esto. Pero aún con todo le da para dirigir el hospital y defenderlo de los malos. En este caso de la mala, Manuela (Mar Regueras), el nuevo personaje que han incorporado en la vigésima temporada de la serie más longeva de nuestra ficción para sacar de quicio a Vilches, un tipo hosco al que las estocadas del guión le han hecho bueno.

Hospital Central lleva doce años en antena, que se dice pronto, pero los tres últimos han sido renqueantes, con audiencias menguantes y cambios de día que van a acabar por hartar a los espectadores. Algún día fueron cinco millones pero ahora se han quedado en dos. ¿Las tramas son menos interesantes, los actores peores...? No. No tiene nada que ver con eso. Tiene más que ver con el maltrato al que Telecinco ha sometido a la serie. Han dejado pasar mucho tiempo entre una temporada y otra y luego parece que no acaba de encontrar su hueco. El martes, el miércoles, el jueves, a las diez, a las once... Ahora a las diez y media.

El año pasado iban a ponerle fin así de repente, pero como la audiencia repuntó en el último capítulo decidieron alargar una temporada más. No parece serio que un pico de espectadores hacia arriba o hacia abajo pueda decidir el futuro de una serie y de unos actores que ahora, con el negocio medio parado, lo están pasando francamente mal.

Vuelven a intentarlo los guionistas de Hospital Central con la trama de amor-odio de Vilches y Manuela, la jefa de las técnicas mafiosas, el chantaje a Héctor y el robo de la morfina, la residente enchufada que se lía con el celador... Y se inventan una explosión, un virus contagioso, sueltan a un asesino en serie. Pero igual no necesitan nada de esto.

Quizá lo mejor sea cerrar dignamente antes de que tengan que hacerlo a la fuerza, porque se han quedado sin ‘pacientes’ (de paciencia).

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