Samantha
Opinión | josé maría cillero
Producen siempre mucho escepticismo esos programas en los que un conductor, generalmente sin problemas de ego, o por decir mejor, de falta de él, juega a reportero intrépido en el centro de la noticia. El nivel de frivolización alcanzado por la televisión en los últimos años, del que no se salva casi ningún informativo, plantea un problema de incompatiblidad entre narración objetiva de la realidad y espectáculo televisivo con un ojo puesto en la audiencia. Por estas cautelas, dejé de inmediato de ver 21 días , el programa anterior de Samanta Villar, en el que la barcelonesa emulaba al legendario Günter Wallraff, aquel periodista maldito alemán que durante largas temporadas era capaz de cambiar su personalidad para, desde dentro, firmar reportajes de denuncia. Un complicado género más fácil de embridar en prensa escrita que en la tele, donde el trabajo da su objetivo por cumplido si confirma ese axioma por el que la realidad supera siempre a la ficción, a veces incluso forzándola un poco.
Sin embargo, Conexión Samanta , su segundo programa en Cuatro, también producido por BocaBoca y en el que además asume la dirección, plantea menos objeciones. Primero, porque no propone las situaciones desde esa perspectiva tan delicada de la primera persona, sino que adopta el papel de testigo muy cercano, que ayuda sin interferir a que los protagonistas cuenten su vida al televidente. En este sentido, emisiones recientes de la cuarta temporada de Conexión... , como Lorca, Madre a los 16 o Poligoneros , han alcanzado la categoría de reportajes de calidad, que han puesto cara a lo que casi nunca pasan de un titular y, con suerte, unas imágenes impersonales en el telediario. Samanta Villar logra programas de autor sin robarle planos a los que de verdad viven las historias que se narran. ¿Algún pero? Sí, la selección de individuos en el universo poligonero pecó de amable y pasó de puntillas sobre problemas como el alcoholismo o drogadicción. Otro, los cambios en el día de emisión, que pueden poner en peligro el éxito de un buen trabajo