El invento del maligno
Martina
Admito ser un pésimo anfitrión. Me incomodan las visitas incluso aunque hayan sido programadas con antelación y evito las no previstas tras años de perfeccionar el método «que parezca que no estamos». Ya saben lo que dicen los ingleses, «my home is my castle», por eso admiro profundamente, pero no envidio, a gente como Antonio Alcántara, que hace de tener a la suegra en casa su camino de santidad; o a Gonzalo de Montalvo, Águila Roja para los malvados, que comparte morada con su cuñada aun después de viudo. Anda que... ahí me iban a pillar a mí, por mucho que la cuñada fuera Inma Cuesta
Para mí, la felicidad del hogar consiste en sentarme en el sofá del salón con los imprescindibles, mi mujer, mi hija y Martina Klein.
Bueno, lo cierto es que lo de mi mujer va para quince años, la niña vino hace más de cuatro y Martina ha sido la última incorporación, este verano, en uno de esos fenómenos tan de estos tiempos por los que lo que hoy es novedad mañana se vuelve imprescindible. La modelo española nacida en Buenos Aires, esa que gusta porque «aunque es guapa no es nada estirada, qué va, si hasta tiene gracia la tía» se ha ido colando poco a poco en nuestra vida.
Celebramos cada chiste suyo, y mira que son pésimos, en el recurrente y veraniego Club del idem , que emite Antena 3 de lunes a jueves. Pero por lo que de verdad la hemos cogido cariño, por lo que no la cambiaríamos por nadie, es por todas y cada una de las campañas de publicidad que protagoniza, que, gracias a Dios y por el bien de su situación financiera y de nuestro equilibrio familiar, no son pocas.
Martina juega al voley playa, monta en bici y desayuna unos cereales en el jardín con una blusa atada por encima del ombligo. Martina interrumpe una sesión fotográfica para confesarnos que solo confía en los mejores y que por ello ha cambiado de tratamiento anti-edad... Como para no quererla, como para no tenerla por una más.
¿Se imaginan a mi suegra con la blusa anudada? Pues no les cuento lo malos que son los chistes de mi cuñada.